Editorial: De lo que es natural

... naturalmente calvo.

VÍARuy Feben
Maika

 

 

"¿Es normal o no es normal?". Hace pocos meses, Esteban Arce
(antes conocido como "El Batman del Burro Van Rankin", y, por alguna razón,
todavía conductor de Matutino Express) lanzó esa pregunta que, en cualquier
otro contexto, sería normal ("Mamá, ¿es normal o no es normal que me guste el
chocolate?"; "Doctor, ¿es normal o no es normal que me salgan ampollas allá
abajito?"). Pero, ese día, su pregunta se convirtió, ya no digamos en algo normal
o anormal, sino en algo insultante: esa pregunta se convirtió en un discurso
homofóbico que, en realidad, no fue más que la expresión mediática de lo que
muchos piensan. Está bien. Es decir: cada quién puede pensar lo que quiera.

La
bronca empieza a la hora de imponer ideas sobre otros: argumentar que algo es
natural o no es natural, como si eso importara. ¿O qué? ¿Apoco los animales
pueden, por ejemplo, leer esta nota? ¿Apoco pueden construir edificios? ¡Eso
tampoco es natural
! Lo que sí es natural entre los animales es formar manadas.
Y para muestra, este mismo caso: apenas esta semana, el Dipuhooligan (finísimo
diputado del PRI a quien tal vez recuerdes por el episodio: "Rompo una puerta
en la Asamblea porque no me dan la oficina que quiero") le entró al discurso y
de plano se aventó una de las mejores-peores declaraciones en torno a la nueva
condición social de la comunidad gay. Dijo: "los homosexuales tienden a violar
niños". Tal cual. Órale. ¿Alguien le ha dicho que los priístas "tienden" a robarse
un chingo de varo? ¿Y que los políticos "tienden" a hacer muy mal su trabajo?
¿Y que los homofóbicos "tienden" a tener un impulso gay muy fuerte y muy
reprimido? Lo que acabamos de escribir aquí no es necesariamente cierto (¿o
sí?). Lo cierto es que, de entrada, está súper chafa desacreditar a una persona
por cualquier tipo de orientación que tenga. Es como decir que todos los
artistas son pobres (pregúntale a Sebastián), o que todos los mexicanos somos
tranzas. Nel. Triste que este carnal sea diputado (ojo: tú le pagas el sueldo a
este inútil; por menos que eso, ya te habrían corrido de tu chamba), pero más
triste que haya gente, mucha gente, que está de acuerdo con lo que dijo. Así
que valga un aviso del tipo

Si todo el mundo hiciera igual, sería un mundo triste y aburrido en verdad

"Si todo el mundo hiciera igual, sería un mundo
triste y aburrido en verdad": se vale no estar de acuerdo con el matrimonio gay
(aunque lo cierto es que todos tienen derecho de hacer con su vida un papalote,
y aunque a ti, como heterosexual que eres, ¿qué más te da?), lo que no se vale
es decir que todo gay es sodomita, o que la naturaleza no lo quiso así. Si
empezamos  juzgar con esos
estándares tan bajos, acabaremos pareciéndonos al orangután del Dipuhooligan. Y
eso sí que no debería ser natural.