Dosmiles

En estos tugurios fuiste feliz.

Especial

Pata Negra
Híbrido condechi

Comenzó como un lugar chiquito sin muchas pretensiones, luego la voz se corrió entre los condechis (por geografía o por corazón) de que en aquel lugar había buen ambiente. Al cabo de unos meses la patamanía estalló y está a punto de convertirse en un clásico. Ubicado en el ex Cine Plaza de la esquina de Tamaulipas y Juan Escutia,  es un híbrido de muchos antros y es reconocido por su buen gusto para el plagio. Por su música y decoración es un poco Mama Rumba y un poco La Diabla. Sus barras se asemejan a las del Bar Milán al igual que su reducida pista de baile. Incluso la entrada del lugar con su marcador de turnos numérico recuerda algo ya visto… la sección de salchichonería del Superama.

Pasagüero
El Centro Histórico alza la mano

Híbrido naco-nice surgido por el boom del rescate del Centro Histórico. Se ha posicionado en la zona del corredor de Motolinía por ser una especie de antro convertible que lo mismo sirve para eventos publicitarios de la empresa de tenis Nike, fiestas de Radio Ibero, presentaciones de ensambles de jazz, conciertos de grupos emo-conceptuales y soporíferas veladas con Enrico Chapela. En constante duelo con la terraza del Centro Cultural España, el Pasagüero logró colarse a esta lista por algunas votaciones de antreros recientes, menores de 25 años, quienes han sido deslumbrados por los elementos que el lugar ha extraído de una larga lista de clásicos nocturnos.

Rioma
After Mamón, Mamón.

Cuando apareció en el mapa, era más un rumor que un place to be, aunque no tardó ni un mes en posicionarse como tal: de pronto, todo lo que pasaba antes de las tres de la mañana era el precopeo para después ir al Rioma al baile electrónico. Eran fines de los noventa, y, en plena Condesa, el Rioma era un lugar para “todos” (aunque ese “todos” pasaba por un estricto proceso de selección). La barra era legendaria por su ambiente, y la sensación de tener a un DJ de clase mundial bailando junto a ti era única. El lugar cerró a principios de los dosmiles y reabrió en 2006; hoy, más de nicho, sigue siendo un consentido de la banda electro.

Classico
Fresa con sucursales

A mediados de los dosmiles el Classico le quitó lo monotemático al antreo del Pedregal: las niñas fresas no van ahí “a antrear”, sino “a rockear”. La música va de reggaetón hasta Def Leppard (el efecto Moderatto), pero la entrada es todavía una prueba de resistencia. Ya exportó sucursales a Cuernavaca y al norte de la ciudad.

 
ipod


Box
Bodegón de arcoiris
Una bodega gigante que le hacía honor a su nombre donde era de lo más común ver a chavitos con hombres mayores, a tres chicos besándose o a dos mujeres bailándole a otra. Era el lugar gay fresa pero reventado, donde nadie tenía complejos aunque se guardaba la compostura. Estaba dividido en cuartos donde la música cambiaba y, aunque el mayor espacio lo ocupaba la zona de música electrónica —en donde al menos cada 15 días había un DJ nacional o internacional de moda— también en la zona popera se podía observar a mucha gente bailando a Paulina Rubio y Thalía. Durante muchos años fue el sitio de reunión de los gays hipsters y con onda, y de aquellos que querían reventar toda la noche sin complejos.