De paso por Meshico

Carlos ?lvarez Montero.

Mauricio Choi, de 41 años, se despierta a las 6 am entre semana. A las 8 está en la oficina, un despacho en Lomas de Chapultepec donde trabaja con otras nueve personas. Once horas después sigue detrás de un escritorio. Espera a que den las 7 pm para llamar a sus colegas en Corea donde ya son las 9 am del día siguiente. Él es otro de los tipos de coreano que viven aquí: empleados de compañías multinacionales que expanden sus operaciones en nuestro país como LG, Hyundai, Posco o Samsung, como es el caso de Choi, que vino por sólo cinco años.

Los primeros seis meses en México fueron difíciles. Vivía solo en un cuarto de hotel y no hablaba español. No fue idea suya venir, pero cuando se lo propusieron le pareció interesante. De un puesto en ventas pasó a ser director de la división de productos de marca en la Oficina de Representación de Samsung C&T Corporation.

Casi toda su vida profesional, a excepción de los primeros tres años al salir de la universidad, ha sido un empleado de este conglomerado que incluye electrónicos, maquinaria, construcción, químicos, y un parque de atracciones: la octava compañía en el ranking por ingresos a nivel mundial, y una de las responsables del llamado Milagro del Río Han, que convirtió a un país devastado por la guerra en la décima economía en el mundo. Samsung es una de las 1,433 empresas coreanas en México, según datos de la Secretaría de Economía.

Choi nunca había trabajado fuera de Corea; México le parecía un país «de enorme potencial». La empresa se encargó de todos los trámites y comodidades para vivir, y cuando llegó su familia, esposa y un hijo, se mudaron a Interlomas a un complejo donde muchos de sus vecinos son coreanos.

Sin parientes en la ciudad y con dificultad para hacer amigos aquí, Choi se dedica casi totalmente al trabajo, pero afirma que es lo que más le gusta: «Desarrollar nuevos negocios, trabajar con mis compañeros… aquí la responsabilidad es más grande porque soy tomador de decisiones». Choi explica una diferencia cultural entre la mentalidad mexicana y la coreana: «El mexicano piensa en su felicidad inmediata; el coreano piensa en el futuro, el tiempo de trabajo hoy es para disfrutarlo más adelante».

Su último proyecto fue ganar, en conjunto con la Korea Electric Power Corporation y Techint, el contrato licitado por la CFE para la construcción de una central de producción de energía en Chihuahua; es la entrada de la primera empresa coreana al mercado de la energía eléctrica en México.