Cosas que los chilangos sí organizamos chido

De la tanda al Payaso de rodeo

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Dicen que los chilangos somos de lo piorrrr, mala onda, gandallas, encajosos, feos, aprovechados… ¡nah!, ¡pura envidia! Como todos, tenemos nuestros defectos, pero de eso a que seamos más gachos que el hígado de una res alcohólica, existe mucha diferencia. ¿A poco no?

Además, también tenemos grandes virtudes: espíritu solidario, hospitalidad, capacidad de reírnos de nosotros mismos, generosidad, gallardía (ya nos quisiera cualquier gringa o europeo para un fin de semana). Somos divertidos, inspirados, ocurrentes, guapos… pero sobre todo, organizados.

Nadie, en su sano juicio, puede decir que no sabemos ponernos de acuerdo. Ante cualquier problema, evento o circunstancia, nos coordinamos y sacamos adelante lo que haya que sacar. Por eso, para demostrar lo anterior, aquí te presentamos 10 cosas para las cuales los chilangos nos organizamos como nadie:

1. La tanda. Ya sea en la oficina o con los vecinos, no hay mejor remedio para superar la crisis que armar una tanda; eso sí, el que la organiza se queda por lo menos con los dos primeros números, jeje.

2. El “Payaso de rodeo”. Como si nos hubiéramos pasado meses ensayando, cuando ponen las de Caballo Dorado en el bodorrio o los quinceaños, no hay mayor exactitud y sincronía que la nuestra; aunque, claro, de vez en cuando no falta algún disléxico que echa todo a perder.

3. El grito de guerra en los estadios: “eeeehhh… ¡Pu#%! ¿A quién se le ocurrió? ¿Quién dirigió el célebre alarido de batalla por primera vez? ¿Surgió en un partido del América? No importa, el caso es que demuestra perfectamente el poder de organización chilanga, en este caso, extendido a todo México.

4. Las pachangas “de traje”. Si se trata de jolgorio, de volada se echa a andar la maquinaria vecinal, familiar o godinezca para armar el guateque. Todos “de traje”, dice alguien, y entonces sabemos que cada quien tiene que llevar algo: un guisado, las tortillas o algún refresco amargo.

5. La fila en el cajero automático. Los días de quincena no hay peor calvario en esta ciudad, que ir al cajero a retirar el varo. Como se aglomera mucha banda, ésta se organiza espontáneamente en filas: una para los que van sólo a retirar, y otra para los que también van a hacer algún depósito o transferencia. ¡Qué tal!

6. La ola. No hay expresión más bella del pueblo organizado, que ver al respetable público rifarse una ola, no sólo en eventos deportivos, sino en cualquier espectáculo masivo (desde conciertos, hasta la venida del Papa).

7. Los festejos cumpleañeros relámpago en la chamba. Da igual si se trata del mero mero jefazo, de la secre o del conserje, el chiste es festejar. Para eso, siempre se organizan todos de la mejor manera: uno va a comprar el pastel, otros dos los desechables, una comitiva se lanza por los chescos y el que peor la lleva con el festejado se encarga de distraerlo pa’ que sea sorpresa.

8. Cualquier actividad ridícula que implique romper un récord. Sólo se necesita que alguien convoque a la multitud para instaurar un Guinness (la congregación de desempleados más grande del mundo, la foto de encuerados más prietos…) y ¡pa’ luego es tarde! Ahí tienes el zócalo repleto de ciudadanos dispuestos a trascender, nomás por el amor a su ciudad.

9. La tamaliza. No importa si te sacaste el mono o si te hiciste rosca el 6 de enero, nunca falta la tamaliza loca para la Candelaria. Para ello, no hay como la raza chilanga que se organiza para armar no sólo los tamales, sino también el atolito y a veces hasta el chínguere.

10. La pasada del pasaje. En los micros o camiones, cuando vienen astascadísimos, a veces toca subirse por la puerta de atrás. Entonces la gente pasa el dinero del pasaje y, de mano en mano, llega hasta el chofer; éste devuelve el cambio y… ¡va de vuelta para atrás!, así hasta llegar a su dueño, quien lo recibe exacto (a veces, hasta pasan el boletito si es trolebús). ¡Eso es organización y no payasadas!

En fin, ¿qué otros ejemplos de organización chilanga conoces?


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