”Electores opinan algo, pero votan por el otro”

Víctor Matadamas

A Xavier Velasco lo entrevistamos en las instalaciones de Editorial Planeta. Acaba de estrenar su novela Los años sabandijas, así que platicamos de ella y otros temas.

Acá la conversación:

“¡Compadre, está temblando! El piso se mueve como una lancha en mar abierto y las columnas crujen tal como imaginaba cuando niño que sonaría la escena del fin del mundo.” Así describes el terremoto del 85 en tu nueva novela, ‘. Así lo vivió tu personaje pero, ¿cómo lo vivió Xavier?
Estaba paseando a mi perro aquí en Polanco, en la calle de Molière. En cualquier otro año yo creo que hubiera estado dormido, pero en aquél tiempo tenía clase de alemán a las siete y media en la Roma. Estaba en la calle cuando todo pasó; hasta el perro asustado se me echó a correr. A mí todavía me alcanzó el humor para llegar con mis papás y gritarles: “¡ARREPIÉNTANSE, PECADORES!”. Pensaba que no había pasado nada, hasta que empezamos a escuchar ambulancias, porque la Cruz Roja estaba muy cerca. Fue hasta que agarré el coche y me fui a mi clase que me encontré edificios tirados por todas partes. Todavía fui al Goethe que es donde tomaba clase y mi maestro me dijo con su acento alemán: “¡No hay clase! ¿Quieres clase? ¡Mierda, si se cayó toda la ciudad!”. Hasta entonces me cayó el veinte de lo que estaba pasando. Me fui a caminar por Insurgentes, luego por el Centro, para verlo y asimilarlo todo.

¿Qué sensación te invadió cuando viste todo lo que había sucedido?
Sentí que estaba en una película de ciencia ficción, que eso no estaba pasando. Tuve esa sensación de irrealidad por días. Luego esa sensación cambió por otra, que me duró años: era una opresión que sentía cada que pasaba frente a algún edifico hecho sándwich. Pero no podía dejar de verlo; tengo la manía de ver la historia pasar. Cuando mataron a Colosio me metí de incógnito a la sede del PRI y estuve viendo todo el drama que se había desatado, vi a la viuda, vi a Salinas, lo registré todo en mi cabeza porque pensaba: “A lo mejor un día voy a necesitar esto”.

Te nutres de historias, es tu materia prima…
¡Sí, claro! Y atasco el disco duro de mi cabeza, porque no sé cuando lo vaya a necesitar.

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Xavier y la Ciudad (Víctor Matadamas)

¿De dónde te nace la fascinación por los antihéroes? Porque son personajes recurrentes en tus novelas. Están en Los años sabandijas, pero también en la novela que te consagró: Diablo Guardián.
Nunca he creído en los héroes. Ya de niño yo le iba siempre a los villanos. Hasta cuando jugaba la Selección Mexicana siempre le iba al otro equipo. Y cuando perdía, me encantaba verlos a todos tristes.

O sea que eres una especie de salmón, te la vives a contracorriente.
Mi mamá siempre me decía: “Eres un contreras”. Y sí. Nunca creí mucho en los héroes, siempre me pareció más interesante El Guasón que Batman o Lex Luthor que Supermán. Prefiero a esos personajes a los que les puedes encontrar sus debilidades. Al héroe nunca se las encuentras, o si se las encuentras resultan una cursilería. Me interesan los que no son queridos por nadie, los que están fuera de la ley, los que tienen que sobrevivir.

Defiendes los motivos del lobo, como diría el poema.
¡Exacto! Me interesa mucho más el lobo que la oveja. Me interesa cómo el lobo puede ser simpático y que incluso te seduce, aunque después te coma. Por ejemplo, hay una novela que está parcialmente olvidada, que es El vampiro de la Colonia Roma.

¡Uff!, grande Luis Zapata
Ya no he vuelto a leer en México algo tan bueno como eso. Es una novela descarnada, no se anda con cuentos. Es un personaje muy urbano, una verdadera lacra.

Hablemos de tu antiheroína Violetta. ¿Quién sería la mujer perfecta para encarnarla en el cine?
Pues no en el cine, pero ya viene la serie. Y va a ser Paulina Gaitán, ella viene de Narcos, trae mucho empuje. Creo que ella es más que perfecta para el personaje.

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Diablo sonriente (Víctor Matadamas)

¿Qué tiene Xavier Velasco de chilango, en dónde se te nota el pedigree, a ti que te gustan tanto los perros…
Uy, quien haya tenido el infortunio de ir conmigo en el coche sabe que es ahí donde se me sale lo chilango. Me doy por desafiado por todos los microbuses de esta ciudad, me brota lo taxista, jaja.

O sea que saliste cafre
Sí, pero también soy taxista en cuanto a que conozco muchos atajos. Es una ciudad que la he recorrido mucho y en la que puedes hacer lo que se te dé la gana, aun con las camaritas esas que han puesto.

Retomando tu amor por los perros, en tu texto De amor y despedida escribes que a un perro se le aprende más de lo que se le enseña. ¿Cuál es esa lección que todos deberíamos aprenderle a los perros?
El perro no conoce el rencor. Por supuesto no piensa en venganza. El perro no muerde la mano que le da de comer, ni tiene que retorcer las cosas para entenderlas. Los perros son esos seres que todo el tiempo me demuestran que son mejores que yo. Y uno debe de rodearse siempre de seres mejores que uno.

Ya que andamos en los animales y de esta nueva novela en la que se refleja muy bien a la ciudad como un lugar donde hay que estar al tiro para que no te coman, ¿qué animal serías tú en un ecosistema tan salvaje?
Caramba… (silencio) espérame, qué buena pregunta, esta no me la pusiste fácil. ¿Qué animal sería yo? Uhmm, pues me gustaría pensar que sería un taimado cocodrilo, pero no creo tener tantos dientes ni tamaño hocico. Entonces… ¡ya sé! Sería un perro callejero, pero con colmillo, de esos que ya sobreviven.

¿Qué extrañas de los años sabandijas, de esa maravillosa —o terrible— década de los 80?
Algo muy ñoño: la uniformidad musical. Con la entrada de MTV comenzó también un mainstream muy grande. A donde quiera que ibas todo el mundo escuchaba lo mismo y eso no es necesariamente malo. Como que la cultura pop tomó toda la escena y de repente estás en la misma sintonía con todo el mundo: es Madonna, es The Police, es The Clash, es Culture Club. Y también la apertura del criterio: es la época del “vive como quieras”, de la irresponsabilidad y del “no pasa nada”, a pesar de que sí estuvieran pasando cosas terribles, como el asesinato de John Lennon o la llegada de Ronald Reagan al poder.

Ya que tocas el tema de los cismas que definen épocas, ¿qué piensa Xavier Velasco de cosas como el Brexit, el ‘no’ en Colombia, el ascenso de Trump al poder? 
Estoy muy encabronado, vivimos en una época muy hipócrita. No me extraña que los electores le digan a la gente de las encuestas que van a votar por el bueno y voten por el villano. Son los tiempos de la cobardía: la gente se expresa libremente sólo cuando se encuentra en un modo anónimo, ya sea en las redes sociales o en las urnas. Cuando nadie me ve, entonces sí saco al verdadero yo.

¿Somos mustios entonces?
¡Sí! Es una época profundamente mustia.

Justo cuando el silencio de la pesadumbre está a punto de sellarnos la boca, nos dicen que el tiempo se nos agotó. No cabe duda de que con un buen conversador el tiempo se nos escurre como agua entre los dedos.

Como el león, el Diablo no es como lo pintan: es mucho más bonachón, sencillo y parlanchín de lo que podría esperarse de una de las plumas más leídas y brillantes de la literatura hispanoamericana contemporánea.

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