2. ¿Trece monitos en los ojitos guadalupanos?

Del terror al ridículo

VÍARuy Feben

Dicen que la mirada guadalupana encierra trece figurillas. ¿Será que se nos haga el milagrito?

 

El alboroto se armó en 1979, cuando el Doctor José Aste Tönsmann descubrió, en los ojos de la Virgen de Guadalupe (sí, la del manto de Juan Diego que está en la Basílica), no una, ni cinco, sino ¡trece! figuras humanas, embutidas en ocho milímetros cuadrados.

La Iglesia, contrario a lo que podría esperarse, dijo “va”: los ojitos, milagrosos, sí eran. Después de todo, Richard Kuhn, premio Nobel de química, descubrió ese mismo año que la pintura no tenía material vegetal, animal ni mucho menos mineral. Algo así como un holograma rústico y, sobre todo, milagroso. Los figurines de los ojos, y el hecho de que las pupilas se dilataran y contrajeran según la cantidad de luz, eran la consecuencia natural de un prodigio de tales dimensiones. Para la Iglesia (los Legionarios de Cristo, por ejemplo), las evidencias parecían contundentes. Un auténtico milagro, sin duda…

– ¿Quién en su sano juicio puede creer semejantes mentiras? ¿No le parece que aquí hay una falta de respeto para la Madre de Cristo y para Dios mismo? Además, es una afrenta para la inteligencia de más de 1,200 millones de católicos.

Ante toda evidencia, es Galeno Zalán, estudioso del fenómeno guadalupano, quien se envalentona. Además de negar las propiedades de la pintura, pone en severa duda la existencia de las figuras humanas dentro del ojo. ‹‹ La imagencita de Juan Diego tiene el tamaño de una cuarta parte de un millonésimo de milímetro (chiquititito, pues). Dudo que exista una computadora o aparato óptico con tal poder de resolución››.

Pero, a todo esto, ¿quiénes son los controversiales personajes que aparecen en los ojos? Dicen los estudios de Aste que se trata de Juan Diego (obvio), Fray Juan de Zumárraga (sorprendido obispo de la época, testigo del milagro guadalupano), dos sirvientes del fraile, un traductor, y una familia de ocho personas, en apariencia indígenas. Ah, y uno más: Benito Pérez Galdós. Sí, el escritor español de finales del siglo XIX (o, en todo caso, su gemelo de los tiempos de la Conquista). Si las imágenes del ojo no son milagrosas, queda sentado que son visionarias.

De cualquier modo, se avienta Zalán, la imagen es fácilmente cuestionable: ya desde 1556, Fray Francisco de Bustamante declaró que la imagen, con todo y ojos, fue pintada por el indio Marcos Cipac de Aquino, y no por el milagro. ¿Se habrá tratado de una revelación que el indio tuvo por cuenta de Pérez Galdós? Sólo la Virgencita sabrá…