10 frases que usas pero no sabes de dónde vienen

¡École cua! A que no sabías el origen de estas oraciones

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Diariamente usamos frases que son parte de nuestro lenguaje popular y se han naturalizado tanto que casi nunca nos ponemos a pensar: ¿Y esto de dónde chingaos viene? Hace tiempo les trajimos el origen de frases como “un ojo al gato y otro al garabato” o “ya se armó la gorda” [lee aquí ese artículo]. Ahora les traemos una segunda remesa de estas frases, porque el lenguaje es un un mundo y nosotros somos muy ociosos.

“Andar hecho la mocha”

Situémonos en los tiempos en que los ferrocarriles acababan de llegar a México. Las locomotoras eran enormes e imponentes, pero quien diga que el tamaño no importa está muy equivocado. Su peso era su talón de Aquiles, pues las volvía lentas y poco prácticas para ciertas labores. Poco tiempo después llegaron locomotoras más pequeñas, destinadas a cumplir labores locales dentro de las estaciones. No tenían las filas enormes de vagones como las otras, por lo que eran mucho más rápidas. Estas locomotoras “mochas” dieron origen a la frase “ir hecho la mocha”, o sea, ir de prisa. 

“¡École cua!”

Sabes que eres barrio y retro cuando en lugar de decir “¡exacto!” dices “¡école cua!”. A pensar de que esta expresión suena bastante ñera, tiene un origen culto. Esta interjección que denota que hemos dado en el clavo tiene origen italiano, y es la mexicanización de la expresión “eccolo qua”, que podría ser traducido como “aquí está”. Lo que significa que al fin encontramos la solución a un problema gordo, expresando sorpresa y beneplácito.

“Eres un culero”

La palabra “culero” tiene diferentes significados dependiendo de la latitud geográfica. Mientras en España es un adjetivo que se le da a los huevones que dejan todo al último, en México lo utilizamos para designar a una persona mal intencionada. Ser culero es ser malo como carne de puerco con cisticercos.  ¿Pero de dónde viene la palabra? En Cuba, culero es un sinónimo de pañal. O sea, lo que se le pone al bebé en el culo. Al adoptar el término en México lo hicimos en el sentido más literal: un culero es una persona llena de mier…coles. Ahora todo tiene sentido.

“Darle vuelo a la hilacha”

Esta frase la usaban nuestras abuelas para decir que alguien andaba en malos pasos. La palabra “hilacha” literalmente significa “pedazo de hilo que se desprende de la tela”. La RAE también lo señala como “residuo o vestigio”. Así, darle vuelo a la hilacha significa cometer actos que terminarán por destruir o desgastar el tejido sin medir las consecuencias. Un equivalente más actual sería “irse como hilo de media”.  O dejarse ir como chivo en cristalería. O como gorda en tobogán. No si para frases, los mexicanos somos finos.

“Dar gato por liebre”

Aunque Tepito se pinte solo para la piratería, este fenómeno no nació en el Barrio Bravo ni es exclusivo de nuestros tiempos. La frase “dar gato por liebre” es una referencia constante en las obras literarias del Siglo de Oro en España, siendo Quevedo uno de los autores que más la usaban. Esta frase se empleaba porque en las hospederías o mesones, con tal de ahorrarse un dinerito, a veces se usaba carne de dudosa procedencia, llegando a reemplazar el conejo o el cabrito por carne de gato.

Para tranquilizar a sus comensales, los dueños de los establecimientos recitaban en la mesa el siguiente conjuro: “si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta al plato”. Y como la carne nunca saltaba, se daba por sentado que no era carne de gato. ¿Cómo la ven desde ahí?

“¡Aquí hay gato encerrado!”

Ya que andamos gatunos, la frase “aquí hay gato encerrado” tiene un origen curioso. Aunque nos imaginemos a un simpático felino siendo víctima de encierro, la palabra “gato” en ese dicho se refiere a un bolso donde se guarda dinero, el clásico costalito de monedas que vemos en las películas que retratan la Edad Media. Cuando la gente quería viajar con un dinerito sin ser asaltados en los caminos, cosían estos bolsitos con dinero en alguna parte oculta de la ropa. Cuando este bolso secreto era descubierto se decía “aquí hay gato encerrado” y el pobre dueño era despelucado de sus moneditas.

“Poner los puntos sobre las íes”

Cuando nos queremos poner minuciosos e insistimos en que algo debe quedar claro y sin lugar a dudas, decimos “hay que poner los puntos sobre las íes”.  Esta frase data del siglo XVI, cuando aún se usaban caracteres góticos para la escritura de la lengua española. En aquellos tiempos, la letra “i” aún no contaba con el punto que hoy lleva y cuando se escribían dos “i” seguidas, era muy fácil que se confundiera con la letra “u”. Para que esa confusión no existiera, se ponía una tilde o “virgulilla” sobre las letras i. Con el tiempo, esa tilde se convirtió en un simple y llano punto. Por eso, para que nadie salga con que a Chuchita la bolsearon, siempre es bueno poner los puntos sobre las íes y así evitarnos confusiones.

[Lee también el diccionario mujer-español]

“¡Eres un pájaro de mal agüero!”

El pájaro de mal agüero (primo del pájaro meaplacas y el pájaro con suelas) tiene un origen que se remonta a la antigua Roma. Aunque los romanitos parecían muy civilizados, realmente eran muy supersticiosos y tomaban todas sus decisiones importantes consultando oráculos.  Uno de los ritos de adivinación más comunes era predecir acontecimientos basados en el vuelo de buitres o cuervos. Si el ave era portadora de malas noticias, se decía que era un ave de mal agüero. Desde entonces y hasta ahora, se usa esta frase para designar a las personas que están saladas.

El valedor, el que te hace “la valona”.

Todos en Chilangolandia sabemos que un valedor es aquel que te hace el paro, un verdadero y auténtico carnal. Aunque suene a una frase relativamente reciente, ya aparecía en el diccionario de 1726 como persona que “ampara, protege o patrocina”.  Por extensión, una valeduría es un favor que te saca de un apuro. Un paro, pues.

Como los mexicanos somos expertos en deformar las palabras por otras que suenan similar como “¿qué pasión?” o “¿qué pasotes?” para decir “¿qué pasó?”, hacer una valeduría se transformó en “hacer la valona”. Dato curioso: la valona es un ritmo proveniente de Valonia, una región al sur de Bélgica y que gracias a los migrantes hoy forma parte del folclor michoacano. No tiene nada que ver con los balones, aunque estés extrañando el Mundial.

[lee aquí sobre la definición de “mexicano”]

“En un santiamén”

Todos (o casi) hemos estado en una misa y hemos experimentado las ganas de picarnos los ojos una y otra vez gracias al aburrimiento. Esto no es nada nuevo. Desde que las misas se oficiaban en latín, la gente esperaba la bendición del padre para huir del recinto. La expresión en un “santiamén” se refiere a decir la última parte de la expresión “In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti, Amén” a toda prisa, todo para huir lo más rápido posible de la iglesia.

¿Qué onda chilangos, cuál de estas se sabían? ¿Qué otras frases y sus orígenes conocen o les gustaría saber? En una de esas, nos aventamos la tercera parte.