Libros que no deberían citar

Señores políticos, ayúdenos a ayudarlos

Especial

Con eso de que la moda entre los periodistas es preguntarle a los políticos qué libros han leído, y con eso de que los políticos parecen estar echando competencias para ver quién dice la burrada que les asegure la primera plana y el trendig topic, nosotros decidimos tomar cartas en el asunto. Y es que ya nos imaginamos las cuitas que traen los pobres de sus asesores, chutándose cuanto libro hay para que sus jefes no pasen por iletrados en la próxima conferencia de prensa o evento público. Ahora bien, les tenemos una mala: hay títulos que algunos políticos NO deberían citar por su propio bien. Ya saben, esos que harían parecer que están haciendo un colmo de sí mismos.

Nosotros, altruistas como somos, aquí les ponemos una listita que seguro nuestros lectores, altruistas ellos también, aumentarán con el único fin de hacer el bien que nuestra clase política suele escatimarnos. Pensamos en los presidenciables que aún circulan, y en algunos de sus cuates más cercanos. Va, pues, la lista:

 

Enrique Peña Nieto

Mujercitas.- No, la novela de Louisa May Alcott no es una lectura para señoras de la casa ¿ok? Así que, amigo precandidato, no la mencione ni por equivocación. A menos que quiera que le pongan otra tunda en Twitter…

Ese cuento de Monterroso que dice “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Digamos que tendría varias interpretaciones… la primera es que sí lee, pero bien poquito; la segunda para nada le conviene. 

Juan Salvador Gaviota.- Bueno, aquí ni siquiera hay que explicar por qué sería impropio ¿verdad? Ah, y Richard Bach, por aquello de las malditas dudas, no hacía música en sus ratos libres. 

Ernesto Cordero

Los miserables.- Se oiría muy mal que el ex secretario de Hacienda dijera que ha leído a Victor Hugo. Hay más de 6,000 razones para sugerírselo.

Pequeño cerdo capitalista.- La misma cantidad de razones que el libro anterior y una sonata de carcajadas si lo mencionara siquiera.

El silencio de los corderos.- El libro de Thomas Harris no debería formar parte de… esperen, mejor que lo vuelva su libro de cabecera.

Josefina Vázquez Mota

Llamadas telefónicas.- Ya ven que dicen que la precandidata del PAN tiene algunas dificultades con el teléfono (Luis Carlos Ugalde hasta dice que no la llamó después de las elecciones del 2006, como ella jura); mejor ni mencionar el  libro de Roberto Bolaño.

Los de abajo.- Ay, doña Josefina, ni vaya a mentar este libro porque se dice que sus cifras de la Sedesol son tan relevantes como el promedio de duración de las canciones de Anahí.

Guerra en el club de la miseria.- Este señor, Paul Collier, ya saben, ese que inventó el término tan molesto de “estado fallido”, no es adecuado. Con eso de que andan diciendo hasta sus propios cuates que en las cámaras la señora nomás hizo un club que no resolvió nada…

 

Andrés Manuel López Obrador

La última oportunidad.- Otro de los clásicos de la literatura sanborsiana, del maestro Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Sonaría como predicción en boca del tabasqueño.

Primero sueño.- Mencionar el título de este poema (hecho librito de bolsillo) debería ser motivo suficiente para que nuestro ex jefe de gobierno dejara asomar una lagrimita. ¿Cómo lo pronunciaría? ¿Jorjuana?

La metamorfosis.- Con eso de que pasamos de “al diablo con las instituciones” a la república del amor, como que sí sonaría a inspiración ¿no? Como sea, Kafka habría sido buen cronista de sus campañas.

Santiago Creel 

El complot mongol.- ¿Verdad, Santiago, que tú no tuviste nada que ver con Zhenli Ye Gon? Bueno, nomás para que no salga el tema otra vez, te sugerirmos no mencionar este libro y ya estuvo.

Casino.-  Santiago, no se te vaya a ir eso de que te chutaste el texto de Nicholas Pilleggi, porque entonces sospecharemos que de ahí sacaste inspiración cuando fuiste secretario de gobernación.

La apuesta.- Este librito de John Boyne no parece buena idea para estar entre tus favoritos por las mismas razones que el anterior. Tú sabrás.

 

Y para los cuates de los presidenciables también hay…

Humberto Moreira

En deuda con el placer.- De hecho, don Humberto, estaría bueno que se consiguiera un crédito para privatizar la palabra “deuda”, y así cada que alguien la use, usted cobra regalías

Gerardo Fernández Noroña

El buscón.- Es una ocurrencia nuestra, eh; ya ve que aquí nomás andamos de ociosos hablando de Quevedo.

Manlio Fabio Beltrones

Las ilusiones perdidas.- Citar esta novela de Balzac se prestaría a que la prole se riera un poco. Momento, eso de la prole parece que es un término usado por alguien más, pero ahorita nos falla la memoria y no recordamos quién lo dijo.

José Ángel Córdova

La mente del hombre de estado.- Ya vimos que Maquiavelo es su autor favorito, tanto que hasta tiene la confianza de llamar a sus obras por su diminutivo (el principito por el príncipe). Pero si cita en una de esas este libro, podría decir La mentecita del hombre de estado. Y pues no, ¿verdad?

Marcelo Ebrard

No te nos ibas a escapar, Marcelo. Nomás te pedimos que si alguien te pregunta por tus libros favoritos no vayas a decir Las obras completas de ningún autor, ya sabes, la gente es bien intrigosa.