La Gala de Ballet Despertares iluminó el DF

Regresó por segunda ocasión al Auditorio Nacional

Foto: Marco Vallejo Paquini

El sábado por la noche se presentó en el Auditorio Nacional de la ciudad de México el espectáculo internacional de ballet Despertares, que por segunda ocasión –la primera fue en 2012- es visto en este recinto.

La iniciativa es del mexicano Isaac Hernández, que actualmente es primer bailarín del Het Nationale Ballet de Holanda, quien con su prestigio pudo convocar a grandes estrellas del medio de la danza para ofrecer 18 piezas  de ballet clásico y lo más innovador del ballet contemporáneo. Sin duda, un agasajo visual para quienes tuvieron la oportunidad de asistir. 

La disciplina del ensayo

En punto de las 14:30 horas los organizadores permitieron la entrada al coloso de Reforma para ver los ensayos de Despertares, el momento en que los bailarines preparan los último detalles para la gran gala. Nos piden que guardemos silencio, la concentración para estos artistas es importante.

Isaac Hernández esta atento hasta el mínimo detalle, pide una luz azul y pide que intensifiquen, ya que su vestuario será negro y necesita que todo contraste, prueban con un fondo blanco. A final de cuentas son ensayos, hay que probar, al bailarín de origen tapatío se le nota un carácter amable y sencillo en todo momento. Isaac se nota nervioso, pero guarda la calma y sigue practicando.

Maria Kochetkova, de origen ruso y actualmente es bailarina principal del San Francisco Ballet, se percata del espacio y prepara con giros sus siguientes pasos, el equilibrio es primordial, se le ve la entrega y pasión por el baile.

Los hermanos argentinos, Martín y Facundo, que se hacen llamar Lombard Twins enfundados en atuendos urbanos tuvieron un ensayo armonioso con su coreografía más moderna. Se les notaba el gran trabajo en equipo y compenetración, algo muy importante al bailar con un compañero es seguirse y sentirse uno al otro, ellos lo logran a la perfección.

Es momento de retirarnos, los ensayos siguen pero esto fue una probada de lo que se vería por la noche en el mismo lugar.

La gran gala

El Auditorio Nacional comenzó a llenarse desde las 19:30 horas, la cita era a las 20:00 horas, no había cabida para impuntualidades. Quienes llegaron tarde fueron acompañados a otros asientos en la parte de arriba para no interrumpir el espectáculo. Desde ahí se nota la disciplina que envuelve un evento de esta talla.

La gala comenzó con el clásico Romeo y Julieta interpretados por Isaac Hernández y Jurgita Dronina, bailarina principal del Het Nationale Ballet.

La noche transcurrió con piezas clásicas, tarantelas y tangos. La bailarina Misty Copeland, bailarina afroamericana, fue de las más ovacionadas, ya que su fuerza en el escenario se hizo sentir desde que comenzó a bailar y es que su musculatura la diferencia de la estética convencional de las bailarinas, sin embargo, su soltura y precisión fue lo que le ganó los aplausos de los asistentes.

Sin más escenografía que una pantalla que se iluminaba de acuerdo a las piezas interpretadas, salieron Lombard Twins, quienes actualmente radican en Nueva York, son su actitud relajada, tenis rojos y bailes modernos no sólo arrancaron aplausos también risas, ya que son todos unos showman en el escenario.

También estuvieron presentes el violinista Simeon Simeonov y el pianista George Xiaoyuan Fu, quienes acompañaron con algunas piezas a los bailarines.

Uno de los momentos sublimes fue cuando los hermanos Isaac y Esteban Hernández se juntaron para bailar “My way”, más allá de la técnica transmitieron una gran complicidad y cariño. Y es que ambos crecieron con el rigor de su padre, el Maestro Héctor Hernández, quien les inculcó el amor por la danza y la disciplina cuando en su natal Guadalajara ensayaban en el patio de su casa cuando eran pequeños, junto con sus otros hermanos.

La gala termino cuando todos los bailarines salieron en grupos bailando para agradecer al público. Lo aplausos no se hicieron esperar mientras lo asistentes se ponían de pie, los artistas de la danza se tomaron de la mano para hacer una reverencia al tiempo que por el aire volaban confetis metálicas en verde, blanco y rojo.