Miembro de la familia Au Pied de Cochon esta es una mezcla entre rosticería chic y restaurante con ambiente familiar. El lugar es en realidad agradable, ideal para algo totalmente informal. El pollo que ofrecen como la especialidad al espetón, un tipo de rosticero, resulta caro, pretencioso y sin chiste. Sin embargo el chamorro de cerdo es glorioso y eso implica regresar.

En la carta se ofrecen sofisticadas opciones como el flan de foie y los ostiones al vino, pero lo mejor es lo más sencillo ya que el flan sabe a flan, del foie, ni rastros. Los hongos y espárragos salteados vienen con una salsa de vino muy rica con sabor a hongos (no a foie). Con los ostiones pasa algo similar, del blanc de blancs nada. En cambio una salsa de queso insípida y sin personalidad cubre todo rastro del molusco. Menos es más y algo sencillo, como una sopa de cebolla y un rib eye con papas, podrían ser la mejor elección.

Los platos fuertes mejoran la opinión general. El chamorro roza la perfección. Es una enorme rodilla de cerdo -que se puede limpiar hasta los huesos- acompañada de una ensalada tibia de coles y manzana asada.

La carta del vinos desalienta a cualquiera, vinos caros y vino baratos muy caros. Una buena opción es la garrafa de Cabernet Sauvignon XA de Domecq, ideal para un platillo tan condimentado y deliciosamente grasoso.

A pesar de todo, el lugar funcionan. Si se trata de ver y ser visto es ideal. De hecho es muy agradable, se respira un ambiente fresco y de pronto algunos aromas fugitivos llegan desde la cocina. El chef Frederic Lobjois se da sus vueltas. Y en general da gusto ver a todos los meseros perfectamente uniformados con sus corbatines rojos y verde limón, caminar de un lado a otro muy bien sincronizados.