Comida casera con buen sazón, ingredientes naturales y en porciones abundantes. En La Generala puedes pedir a la carta o menú, pero lo interesante es que tú mismo puedes armar tu menú de la carta, que es amplia, y pagar un precio económico.

El mole poblano, la pechuga empanizada, la cecina de res o adobada y los chilaquiles son de los consentidos de los comensales asiduos. Y es que, por ejemplo, los chilaquiles están muy bien cocinados, no son totopos a los que bañan con salsa y ya, sino los preparan como lo harías en casa. También hay pechuga cordon bleu, tacos dorados, enchiladas suizas, guisados del día, consomé de pollo, arroz, sopa y crema del día, entre otros platillos. El menú incluye una botana de chicharrón, tortillas, jarra de agua y los tres tiempos. El arroz puede llevar mole, plátano frito o frijoles sin costo adicional. Lo qué sí es aparte es el postre, que pueden ser fresas con crema, flan napolitano y plátanos con crema y/o lechera, entre otros.

El lugar es sencillo, limpio y casero, muy cumplidor si quieres comer bien y rico. El servicio es atento y está supervisado por la Generala, quien es muy amable y le llaman así porque antes de tener este restaurante estaba a cargo de una cafetería en el campo deportivo del Estado Mayor Presidencial. Seguro que si pudo satisfacer el apetito y las exigencias de los generales, también el nuestro.