Probablemente este es el único representante auténtico de una fuente de sodas al más puro estilo americano en la ciudad. Johnny Rockets lleva ya varios años en el DF y la sucursal de Parroquia, es la única accesible y céntrica (la otra está dentro del parque de diversiones Six Flags, las demás están en provincia).

Desde la llegada se antoja la barra con metal brillante, banquillos con forro rojo, meseras con falda sesentera y atentos meseros en barra vestidos de blanco y portando gorrito.

Sin duda, lo más rico es la hamburguesa, varía en tamaño e ingredientes. Pide la clásica si es la primera vez. La carne es gruesa y jugosa, con rico sabor a plancha y una textura que se desmorona en la boca. El pan es suave y esponjoso, el nombre «queso americano» toma sentido con cada mordida. Con este sabor es casi innecesaria la catsup, aunque le va muy bien la mostaza.

Y aunque este tipo de menús son pecaminoso y prohibitivos, es imposible negarse a  una malteada, cremosa, dulce y fresca. Una variante legendaria, casi desaparecida es el flotante de Coca-Cola con helado de vainilla. Aquí es probablemente el único lugar donde no hacen cara de fuchi al pedir esta mezcla. Habrá que recordar que en México fuimos acostumbrados a una mescolanza tropicalizada con nieve de limón.

Las papas fritas son de antología, crujientes, bien cocidas, gruesas y con auténtico sabor a papa.
La experiencia es tan conmovedora que podría inspirar una historieta o llevar de la mano a ser protagonista de un cuadro de Edward Hopper.