Este restaurante te recibe con toda una coreografía del personal: la hostess te da la bienvenida y te dirige a la mesa, el capitán llega a saludar, seguido del sommelier y los meseros casi cantan sus mejores recomendaciones. Después, llega el pan con tapenade (el clásico dip de aceitunas negras con anchoas y aceite de oliva).

Las pizzas en este lugar se distinguen porque llaman a sus ingredientes por sus nombres en italiano (jamón es prosciutto), y por su calidad, el pan es más delgado y el queso-crema (o burrata) se derrite maravillosamente. El ambiente es muy tranquilo y un tanto elegante, con música a volumen bajo y luces suaves. El horno, justo en la entrada, impregna el restaurante con olor de pan recién horneado.

En cuanto al lugar, es pequeño, así que las mesas están muy pegaditas, tanto que puedes olfatear la comida de tu vecino. Si no te molesta la falta de privacidad, una parada aquí es obligatoria.