Un presidente le había puesto ‘Cancún’

Archivo Chilango

Uno de los lugares de la Ciudad de México que atrae a más visitantes es el zoológico de Chapultepec, casa de decenas de especies que lo convierten en uno de los más importantes de Latinoamérica.

En 90 años, ha vivido momentos históricos, pero ninguno tan grande como el protagonizado por el primer panda que nació y sobrevivió en cautiverio fuera de China: Tohuí.

Fue el segundo

Hijo de Ying-Ying y Pe-Pe, una pareja de pandas que fue obsequiada en 1975 al gobierno mexicano de parte de la República Popular China como muestra de amistad (en aquel entonces, China era un país cerrado al mundo y con pocos gestos como este), Tohuí se convirtió en todo un fenómeno mediático –y hasta político- desde sus primeras horas de vida.

En realidad, Tohuí no fue el primer panda que nació en México, sino Xen-Li, una hembra que vio la luz por primera vez el 10 de agosto de 1980, pero que perdió la vida una semana después víctima de su propia madre quien, exhausta de cuidarlo, cayó dormida sobre ella, por lo que murió aplastada. Así de trágico.

Pero casi un año después, el 21 de julio de 1981, nació el segundo panda mexicano, el cual, contra todo pronóstico, logró sobrevivir gracias a la experiencia que ya habían adquirido tanto su madre como sus cuidadores del zoológico.

Panda Rockstar

Cuando nació “el pandita”, este y su mamá fueron separados del área en la que solían exhibir a Ying-Ying y Pe-Pe y los trasladaron a una especie de cuarto en el que sólo los veterinarios tenían acceso, pero, en un despliegue de tecnología, colocaron una cámara de televisión para poder monitorearlos noche y día. 

Esas imágenes en blanco y negro de la cámara, muy similares a las que se ven ahora en programas tipo “Big Brother”, eran también transmitidas todos los días en los noticiarios de televisión, en los que durante varios meses le dieron una cobertura especial, la cual tenía el mismo nivel de jerarquía que, por ejemplo, las giras presidenciales.

Así, en unos días ya se vendían camisetas, gorras y juguetes con su imagen, y como buen rockstar, se vio envuelto en diversos escándalos. El primero fue su nombre.

Su “paso” por la política

Existe una especie de tradición que dicta que los pandas deben tener nombres chinos, pero el pandita chilango fue bautizado con el nombre de “Cancún”, gracias a una ocurrencia del entonces presidente de la república, José López Portillo (el mismo que después decidió defender al peso como un perro), ya que por esas fechas encabezaría la “Cumbre Norte-Sur”, una importante reunión internacional que se llevaría a cabo esa ciudad del Caribe y a la que asistirían algunos de los líderes más importantes de ese entonces, como François Mitterand de Francia, Indira Gandhi de India, Margaret Tatcher de Inglaterra y Ronald Reagan de Estados Unidos.

Otra razón para bautizarlo así era que Cancún fue el gran proyecto turístico de ese sexenio, así que podía ser una buena manera de inmortalizarse para cualquier político.

Un concurso para nombrarlo

Esta decisión no le gustó a mucha gente, y menos cuando cayeron en la cuenta de lo que significa “Cancún” en maya: “nido de serpientes”, por lo que meses después se organizó un concurso para ponerle un nuevo nombre.

Se recibieron más de 100 mil cartas (sí, de las tradicionales, con timbre y todo) con diversas propuestas, y el jurado conformado por importantes personajes, como Mario Moreno “Cantinflas, eligió la sugerencia de Parménides Orpinel, un chavito de Chihuahua: “Tohuí”, que significa “niño” en tarahumara.

El premio fue un automóvil Volkswagen blanco con vivos en negro y el dibujo de un panda en la parte delantera, el cual fue entregado en el noticiario “24 Horas”, el programa de televisión más importante de aquel entonces y que era conducido por Jacobo Zabludovsky.

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