Albergue en Azcapotzalco rescata perros torturados al límite

La crueldad animal es un delito que pocas veces se castiga.

«Sólo con cariño y confianza se puede rehabilitar a un animal tan violentado»
Foto: Memo Bautista

Las trataron como basura y como tal se las dieron al hombre de la basura para que se las llevara en el camión, bajara la máquina y las revolviera con el resto de los desperdicios mientras eran trituradas. Sin embargo, el sujeto prefirió llevarlas a la casa de Luisa y darle, además, los 300 pesos que le pagaron para matarlas. Hoy Pituca y Petaca, dos pequeñas perras negras cruza de Cairn Terrier, corretean por el patio en espera de ser adoptadas.

«He tenido perros violados por sus dueños. He tenido perros que los han golpeado con tablas y les han sacado un ojo. He tenido perros que los usaban para tiro al blanco», cuenta Luisa Estrada, quien hace seis años decidió convertir su casa, en el pueblo de San Andrés Azcapotzalco, en un asilo que acoge a perros que han recibido todo tipo de maltratos.

El Albergue Luisa es un refugio para 70 perros. No es más extenso que una cancha de voleibol. Los canes van y vienen con libertad por el patio, por la azotea convertida en un patio superior después de bardearla, por las escaleras que conducen al departamento de Luisa.

«El primer requisito para rehabilitar a un perro es el amor. El segunda es darle confianza», comenta Luisa mientras acaricia a una Maltés gris. Pelusa fue arrojada desde la ventana de un quinto piso de un edificio del Centro Histórico. Tenía cinco meses de nacida. No murió, pero terminó con la pata derecha fracturada y las demás atrofiadas. Luego de cinco meses y una terapia en agua para que moviera las patas, volvió a caminar. Cuatro años después, está rehabilitada.

Uno de las casos más impactantes es el de Cofy, un macho de Schnauzer mediano que por varios años fue violado por su dueño. «Cuando llegó evacuaba sangre y si lo queríamos tocar se arrinconaba y chillaba», cuenta Luisa. Su rehabilitación ha tomado casi tres años pues no sólo hay que sanar las heridas físicas. Cuando ve a un extraño, el perro todavía dobla las patas traseras para protegerse. No deja que le palpen el lomo y está atento a cualquier movimiento que hagan las personas que no conoce. No consiente que nadie lo toque, salvo Pablo, el esposo de Luisa. Difícilmente Cofy será dado en adopción.

El castigo a la crueldad

La tarde de este lunes, dos perros de raza pitbull fueron encontrados muertos en las calles de la delegación Coyoacán. Habían sido torturados. Tenían la cabeza dentro de bolsa de plástico; las patas y la cintura atadas con alambre de púas.

En México no hay una ley federal de protección animal; sin embargo existen diversos estatutos que amparan a los animales contra el maltrato. La Ley General del Equilibrio Ecológico, por ejemplo. Además de la Ley Federal de Sanidad Animal, la Ley General de Vida Silvestre; así como diversos artículos en los Códigos Penales y Civiles de cada entidad. Además todos los estados cuentan con una ley local de protección animal. Pero este, pocas veces se castiga.

En la Ciudad de México así como en Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Coahuila, Colima, Estado de México, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit,Puebla, Querétaro, Quintana Roo, Veracruz y Yucatán el maltrato a estos seres vivos está tipificado como delito, aunque no es grave.

La recién creada Constitución de la Ciudad de México reconoce en su Artículo 18 a los animales como seres sintientes. Esto significa que son seres que merecen trato digno. Así se establece el deber ético y obligación jurídica de toda persona de respetar su vida e integridad. Incluso el Código Penal capitalino contempla, en sus Artículos 350 Bis y 350 Ter, penas de seis meses a dos años de prisión y de cuatro mil a ocho mil pesos de multa a quien maltrate, cometa actos de crueldad y provoque la muerte a cualquier animal.

Más allá de las leyes y su ejecución habría que cuestionarse qué sucede en la cabeza de una persona que utiliza a un perro como juguete sexual. Que se entretiene mutilando a un animal. Que lo lanza desde un edificio porque ya no le interesa. O que lo prepara para pelear hasta la muerte por mera diversión.

Si te interesa adoptar alguno de los perros rehabilitados por el Albergue Luisa, donar alimento o hacer trabajo voluntario en el refugio, puedes encontrar a Luisa Estrada todos los fines de semana en el Jardín Hidalgo, en el centro de Azcapotzalco. Allí estará, con su perros y su familia informando a la gente sobe el cuidado de estos animales.