¿Nos ofende ser chilangos?

De gentilicios y debates chafas

Para este calor del demonio
4544-http://www.youtube.com/watch?v=KGKYXdgCbGg&feature=youtu.be

La semana pasada, la noticia de que el medallista Olímpico Daniel Aceves interpuso una queja ante el Instituto Electoral del Distrito Federal por la campaña ‘Voto Chilango’ causó revuelo en varios medios. Aceves se quejó porque este término le parecía peyorativo y discriminador. El fin de semana, la agencia de noticias Notimex divulgó que no había queja alguna en el instituto, de acuerdo con el consejero Néstor Vargas.  Exista o no, lo cierto es que el golpeteo político ya inició y fundar debates artificiales con temas polémicos que polaricen a la gente suele resultar muy productivo para algunos políticos y nosotros no le vamos a entrar, pero sí a consignar lo que sucede. Hay quienes dicen que Aceves es enviado del PRI (partido al que está afiliado y en el que ha desempeñado cargos) pues a la dirigencia en la ciudad no le agrada la idea de que quienes viven en el extranjero voten (lo cual no nos consta, pero también lo consignamos –como el ‘debate’–).

Muchos de los que se han subido a la polémica artificial nos han pedido nuestra opinión. Lo primero que debemos decir es que acá no le hacemos el caldo gordo a ningún partido; suficiente con la lana que se llevan de nuestros impuestos como para todavía echarles porras. Evidentemente, nosotros no creemos que ‘chilango’ sea un término discriminador, pues de ser así nunca lo hubiéramos seleccionado para llevar el nombre de nuestra marca. Lo cierto es que si la academia de la lengua no regula la forma en la que hablamos, menos nosotros; y que el diccionario acepte la palabra no nos dice gran cosa (ejemplo: nosotros no nos vamos a esperar a que nos aprueben ‘malacopear’ para usarlo). Eso sí: quien se quiera chutar el artículo sobre los posibles orígenes de la palabra ‘chilango’ que visite esta recopilación de Wikipedia. Y más: si en algún momento ‘chilango’ tuvo connotaciones negativas para nuestros abuelos, no sería la primera vez que un término inicia como un insulto y termina convirtiéndose en un término común y hasta prestigioso (¿ejemplos? Sofista, gótico, impresionista y hasta mexicano).

 

Así las cosas, en todo caso quien debe manifestarse al respecto son las personas que reciben este apelativo, es decir los lectores de Chilango y Chilango.com, pero con la información clara. Y que no se nos olvide: señores políticos, hay tantas cosas por hacer en este país, que creemos que inventarse debates es otra forma de no hacer nada. Si de verdad quieren combatir la discriminación, mejor hagan cosas que sí sean ejemplares (como atrapar y consignar al señor Sacal, para que se siente un precedente. ¿O de verdad nadie sabe dónde está?). Ahí empezaremos a creerles.