Cuatro obras olvidadas del arquitecto chilango Mario Pani

Hotel Reforma de Mario Pani
Foto: Carlos TomasiniEl Hotel Reforma se usa esporádicamente para eventos, pero está cerrado.

La primera mitad del siglo 20 fue importantísima para el crecimiento de nuestra ciudad, la cual, después de la Revolución, se convirtió en un lugar que recibía a personas provenientes de toda la República y se modernizaba rápidamente.

Por ello, era necesario convertirla en una importante metrópoli capaz de albergar a millones de personas de todas las clases sociales y que, además, proyectara una imagen de modernidad hacia el mundo.

Uno de los artífices de ello fue el arquitecto chilango Mario Pani. Egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes de París —por cierto, su título fue revalidado por la UNAM, por eso algunos creen que estudió en ella—, fue el creador de conceptos modernistas que trazaron gran parte de la identidad actual de la Ciudad de México.

Ejemplos sobran: las unidades habitacionales de Tlatelolco y Miguel Alemán en la Del Valle, el Conservatorio Nacional de Música y Ciudad Universitaria —él encabezó el proyecto de CU que reunió a los mejores arquitectos de la época; de él, es el edificio de Rectoría—.

Sin embargo, parte de sus obras no terminaron como él las conceptualizó, otras sufrieron graves daños durante el terremoto de 1985 y otras más se encuentran prácticamente abandonadas. Aquí presentamos cuatro proyectos de Mario Pani que hoy están olvidados o que ya están lejos del proyecto para el cual fueron creados.

1. Ciudad Satélite

Concebida como un modelo similar al de los suburbios de Estados Unidos, Ciudad Satélite sería un centro urbano y habitacional localizado afuera de la metrópoli y que estaría comunicado por el Periférico con el fin de que las personas salieran todos los días a trabajar a la Ciudad de México y regresaran sin contratiempos.

Pensado para personas de clase trabajadora, este proyecto iniciado en 1954 estaría lleno de áreas verdes, lagos y todo lo necesario para que sus habitantes pudieran tener todas las comodidades sin necesidad de salir de ahí, como escuelas, extensas áreas verdes, supermercados y cines.

Cuando se terminó la primera etapa, pocos quisieron ir a vivir hasta esas lejanas tierras, por lo que se bajaron precios y se hizo toda una campaña para mostrar las ventajas que tendría vivir en Satélite.

Fue entonces cuando, sumado al “boca en boca”, el desarrollo se convirtió en un éxito, lo cual, de inmediato, atrajo los intereses de políticos y desarrolladores, por lo que empezaron a vender terrenos más caros, a descuidar el tema de la vialidad que daría acceso a la zona y a bloquear por completo el ambicioso proyecto inicial de Pani.

El mismo Pani denunció varias veces que, en 1962, el Gobierno del Estado de México, encabezado por Gustavo Baz Prada —en cuyo honor se bautizó la caótica avenida que miles de mexiquenses recorren todos los días— logró evitar que se ejecutara el proyecto original con el fin de obtener mayores ganancias económicas.

Así que la idea de Pani de crear una especie de ciudad del futuro y con una precisa planeación se convirtió finalmente en un desarrollo inmobiliario sin control y que, además, provocó que se poblaran de manera irregular todos sus alrededores.

2. Crucero Reforma-Insurgentes

Uno de los cruces más importantes de la Ciudad de México es el que conforman las avenidas Insurgentes y Paseo de la Reforma; y por allá de 1942, Mario Pani presentó el “Proyecto Integral para el Crucero Reforma-Insurgentes” que contemplaba la construcción de una gran glorieta entre ambas arterias.

Sería una amplia extensión peatonal, ya que Insurgentes cruzaría Reforma mediante un paso a desnivel, y alrededor se construirían varios edificios de fachadas cóncavas para crear una especie de complejo hotelero-financiero-gubernamental que sería coronado al centro con el monumento a Cuauhtémoc y un gran estacionamiento subterráneo con todo y un centro comercial —al estilo de desarrollo similares que hoy se encuentran en ciudades como Canadá—.

El proyecto fue aprobado por el Gobierno del entonces Distrito Federal; sin embargo, nunca prosperó y, en 1956, terminó desechándose oficialmente. Como testigo de esa idea, sólo queda el edificio del hotel Plaza, en Insurgentes 149, esquina con Sullivan, el cual fue remodelado hace unos años y en donde hoy se localizan un banco y las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda.

Así que es por eso que no hay glorieta en este complicado cruce de la capital.

3. Torre Insignia

Durante muchos años, uno de los símbolos más fotografiados de la Ciudad de México fue el edificio en forma de prisma triangular conocido como “Torre Insignia” o “Torre Banobras” —porque fue sede del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos—, y que, en 2012, fue remodelado para albergar algunas oficinas de la Secretaría de Educación Pública, por lo que lo rebautizaron con el poco original nombre de “Torre Independencia”.

Localizada dentro de la Unidad Tlatelolco —también obra de Pani—, esta torre inaugurada en 1962 tiene un carrillón de más de 40 campanas en su parte superior, donado por Bélgica, y un mural de Carlos Mérida en uno de sus costados que, sinceramente, pocos notan e identifican que tiene forma de un águila descendente.

Con sus 127 metros y 25 pisos localizados en el cruce de Insurgentes y Flores Magón, fue la segunda construcción más alta de la Ciudad de México, hasta que fue desbancada en 1972 por el Hotel de México —hoy, el World Trade Center—.

A finales de los 80 e inicios de los 90 dejó de usarse y permaneció prácticamente abandonada durante varios años en los que se propusieron diversos usos para ella, incluyendo un proyecto medio artístico que contemplaba una especie de jardín vertical.

Pani la planeó como una obra futurista que coronaba el entonces moderno conjunto habitacional de Tlatelolco que, en 1985 resultó gravemente dañado; sin embargo, el terremoto de ese 19 de septiembre y varios más no afectaron a la torre que inicialmente sería de uso privado, pero el Gobierno en turno decidió utilizarla como edificio público después de su inauguración.

Hoy, es uno de los gigantes menos reconocidos de la Ciudad de México.

4. Hotel Reforma

En la esquina de Paseo de la Reforma y París, a un costado de donde hoy está el Senado, se encuentra el antiguo Hotel Reforma, el cual fue inaugurado en diciembre de 1936 y fue el más elegante de su época en la Ciudad de México, con innovadoras instalaciones como un roof garden, amplias habitaciones y un memorable centro nocturno llamado Ciro’s.

Hoy se encuentra cerrado y se usa esporádicamente para eventos, como presentaciones de teléfonos celulares o activaciones de marcas de cerveza. Sin embargo, conserva sus detalles art decó, como su marquesina, y su fachada con tezontle.

Este edificio no es completamente obra de Mario Pani, sino que el proyecto llegó a él por dedazo. Resulta que inicialmente era del arquitecto Carlos Obregón, el creador del Monumento a la Revolución, quien trabajaba con el exministro de Hacienda Alberto J. Pani, tío de Mario.

A sus 22 años, Mario estaba regresando a México después de terminar sus estudios de arquitectura en Francia, y el exfuncionario le pidió a Carlos Obregón que integrara a su sobrino a su equipo; sin embargo, el joven recibió malos tratos del experimentado arquitecto (bisnieto de Benito Juárez).

Esto enfureció a Don Alberto y, por dedazo, le dejó el proyecto a su sobrino, creando una gran enemistad con el arquitecto Obregón.

Hoy, aunque ya tuvo algunas remodelaciones, este edificio catalogado por el INBA por su valor artístico y que fuera el primer hotel de gran lujo en la ciudad durante el siglo 20, luce grafiteado y descarapelado, sin la “R” en la parte alta de su fachada que lo caracterizó por años y sin noticias de qué se hará con él.

Sus amplias habitaciones, elegantes tiendas y noches de glamour quedaron en el pasado desde hace varias décadas.