La vuelta al DF en 80 bicis

En la Ciudad de México, entre miles de ciclistas que pugnan por más espacio legal en medio del tránsito, unos pocos decidieron no esperar. Mientras el Mundial de Bicimensajeros llega a la capital del 28 de mayo al 2 de junio, algunos de sus corredores organizan carreras de relevos entre los vehículos del Circuito Interior. Tienen una bici y tienen un discurso. Y a pesar del riesgo, o por ello, cada vez son más. Esto sólo puede pasar en el DF.

Natan Guzmán, diseñador gráfico radicado en el Distrito Federal, tiene licencia de auto y dotes de manejo pero sólo hace kilómetros -todos los días- en su bicicleta. En su sala hay un cartel colgado con unas tachuelas. Tiene pinta de videojuego ochentero y muestra una bicicleta negra al frente, decenas de cochecitos rojos idénticos detrás y arriba dice I Hate Traffic. Natan dice que no es suyo, un compañero lo puso ahí, pero se identificó con él. Este mes, el Campeonato Mundial de Bicimensajeros se disputará parques y velódromos de la ciudad, sin coches, y Natan se vestirá de corto. Pero hoy se trata de otra cosa. Esta vez, una carrera ciclista muy particular ha salido casi entera de su computadora. Diseño, bases, inscripciones. Y una carta de deslinde de responsabilidades -redactada por dos amigos abogados- que cada valiente entregará in situ, firmada, a la organización.

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Es sábado, faltan cuatro horas para las cinco de la tarde y sobre la cama de Natan hay un jersey corto rojo chillón y unas mallas negras recién traídas de la lavandería. Aguardan bien planchadas, cuadradas a la perfección, y al pie de la cama, muy juntos, hay dos zapatillas grises de velcros. “Llevábamos un año organizando carreras, no habíamos competido en ninguna y necesitábamos correr”, dice. Natan corre en plural. Antes ya pasó por vóley, luego basquetbol, e incluso de niño, cuando bailaba huapangos en su estado natal, en Hidalgo, ya competía por parejas. Hoy correrá por relevos. En un equipo de cuatro y entre todos esos coches.

La bicicleta, livianísima y de piñón fijo, está lista cerca de la puerta. El ánfora está llena y la cadena engrasada. Se ve, por fin, un casco. Como muchos promotores de la bici, Natan cree que no es bueno que a los ciclistas urbanos se les obligue a llevarlo, pero él y sus amigos han decidido que hoy sí. Que la 4×10 de hoy, diez kilómetros para cada relevista, será otra cosa.

-¿Estás nervioso?

-Sí.

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A la altura de un semáforo de la avenida Revolución, la Alameda de Tacubaya es un parque a la antigua usanza. Árboles viejos, andadores radiales con bancos de hierro y una fuente central con un monolito alto en el medio. Esta tarde, la Alameda está tomada por ciclistas y amigos de toda clase y condición, en torno a la centena, y las bicis del primer relevo permanecen recostadas. Alzados sobre el borde de la fuente, los organizadores gritan las últimas consignas y piden cautela.

-¡Precaución! ¡Los relevos se dan en las laterales! ¡Nada de aventarlos, se dan en la mano!

La Secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal calculó, allá por 2006, 4.2 millones de vehículos en la zona metropolitana, algo más de 20 millones habitantes. El 80% de esos vehículos pertenecían a particulares. De cruzar los datos se obtiene que ni 20% de la población tenía auto propio, y además era y es habitual ver coches con un solo ocupante. Entonces, ¿por qué uno de cada cinco habitantes -y los pocos que van con ellos- atoran por inercia al resto? Aunque según reportes periodísticos los viajes a pie o en bicicleta suman más que los viajes en carro, 25% frente a 23%, se sigue discriminando al peatón y obligándole a dar rodeos incluso en pasos y aceras. Los corredores de hoy, además, probablemente estén cansados del policía que se estaciona en la ciclovía, de la conductora que, sola en su galaxia, da vuelta sin prender las direccionales, o del hombre que desde arriba de su trono les avienta unas toneladas de camioneta. Como si el ciclista no tuviera que ir a trabajar, al supermercado, a la lavandería. Como si pedaleara para incordiar a los demás.

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Al final, algunos se han hartado. “Mi visión es muy personal en ese tipo de cosas -dice Natan-, pero no somos pocos los que pensamos que la calle hay que ocuparla porque es nuestra y ya, sin más”.

Esta vez la ruta es circular. Ya saben lo que hay. En el mapa, si Circuito fuera un reloj ahora estarían en las 9 y deberían completar la vuelta en dirección contraria a las agujas. Los relevos se darán en las 6 -el Centro Nacional de las Artes-, las 3 -el aeropuerto-, las 12 -metro La Raza- y la meta vuelve a ser las 9. Un tramo por ciclista, 42 kilómetros totales, y si todo va bien en menos de una hora estarán de nuevo aquí.

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Natan es parte del tercer relevo y no pasará por la Alameda. A la par que el resto, en la explanada de la Delegación Cuauhtémoc, él y un compañero han preparado sus electrolitos -bebidas hidratantes- y han cambiado los platos dentados a 48t x 14t, una relación que les favorecerá en llano y en bajada. La actriz Michelle Pfeiffer ha dicho que cuando está estresada suele desarmar su bicicleta hasta la última pieza y después la vuelve a armar. El pensador austriaco Ivan Illich, por la relación con su herramienta llama a estas personas austeras. Convivir y entender la bici hace que no teman desmontarla aunque en menos de una hora deban estar corriendo.

Natan ha calculado que a eso de las 17:26 verá a su compañero asomarse tras un puente del Circuito Interior, uno de los anillos de circunvalación capitalinos. Recibirá una estafeta entre cientos de conductores frenéticos. Y entonces, por los próximos 10 kilómetros, su bicicleta tiene que volar.

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De momento, en el checkpoint del aeropuerto aparecen más ciclistas y la adrenalina sube. A muchos Natan no los ha visto nunca pero hoy serán sus compañeros de relevo. Los ha saludado y les ha pedido que compitan limpiamente, no provoquen caídas, y a los ruteros, aunque suene a broma y el premio está muy bien, que no se maten. Ha habido un aplauso general y antes de salir a buscar el mejor lugar para el relevo ha agradecido en nombre de Terremoto Crew, su colectivo, que hayan venido.

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