En México es complicado encontrar el amor

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Eso sí. Las mujeres quieren a alguien que las pueda mantener. Aliza lo entiende perfectamente. «Hay veces que hay que cerrar un poco los ojos o ¿tú eres perfecto?», dice vehemente a un interlocutor que no está ahí, como para que la escuchen todos aquellos que sí han estado pero no entienden nada. «Los shiddujim que se me han hecho son los que la gente no investiga tanto». Sus listas ascienden hoy a unos 50 hombres y 50 mujeres de entre 19 y 25 años, incluso de 30. No se enfoca en los más jóvenes porque siente que no necesitan ayuda. El problema, me explica, es que en la comunidad religiosa si una chica ya salió de la escuela y no se ha casado, es una quedada; los hombres solteros no quieren salir con ella, ni siquiera la quieren mirar. La idea es que si no la agarraron a los 20, significa que ya salió con muchos chavos y ¿quién quiere las sobras?

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«LA GENTE ESTÁ BIEN SOLA», me dice otro casamentero que trabaja con perfiles de gente de hasta 80 años. Sus listas incluyen a viudos, divorciados, solteros entrados en los 30 y los 40. Él mismo, un restaurantero, escritor, abogado y conferencista, laico y exitoso, tiene más de 15 años divorciado (disponible, se dice). Decidió entrar a esto para complementar su carrera con algo de aportación a la comunidad. Y prefiere mantenerse en el anonimato porque cree que gran parte de su toque personal radica en la discreción. Comenzó con lo de los enlaces hace unos años, con la idea de responder a lo que había detectado como una fuerte necesidad en la comunidad. Con ayuda de un rabino joven, titulado en psicoterapia, diseñó un cuestionario para descifrar a la gente, determinar su grado de cultura, su inteligencia. Y sus expectativas.

«Que no sea obesa» es una aspiración de casi todos. Ellas piden más bien que quien las invite a salir sea presentable, o de aspecto limpio. El cuestionario toca temas como el grado de escolaridad, los pasatiempos, las metas, los logros, lo que uno no está dispuesto a aceptar. Al principio trabajaba con voluntarios, pero tras algunos descuidos, perfiles que no correspondían, enlaces hechos a la ligera, pronto decidió trabajar solo y depurar el sistema que mejor le funciona: la gente lo llama, él les da cita en su departamento, saca su cuestionario y los va sintiendo, los va vibrando. Una vez que termina, busca entre sus listas con quién enlazarlos. Y no pide fotografías; prefiere omitir esa parte, que le parece muy engañosa. Aun así, se topa una y otra vez con gente que no está en la realidad, hombres que quieren una mujer 20 años más joven, mujeres que quieren a hombres de su edad, ¡y ningún hombre dispuesto a salir con una mujer de su edad!

En ocasiones ha tenido que confrontarlos, hacerles ver que la chica que desean tendría que estar loca para querer salir con alguien como ellos. «Es un trabajo frustrante, no ves los resultados que esperas. Pero si hacemos una sola pareja, ya todo el proyecto valió la pena». A veces la gratificación empieza desde antes. «Disfruta tu día, no importa que no pase nada con él, es tu momento», le dijo a una mujer de 50 años que se encontró, recién salida del salón, la mañana en que iba a salir con una persona que él le presentó. «Le estás creando una ilusión a la gente, una expectativa de algo que es difícil». Más que difícil. Los sabios dicen que, tras crear el mundo en seis días, todo lo que Dios ha hecho es enlazar parejas para el matrimonio, una tarea que se equipara en dificultad a la separación de las aguas del Mar Rojo. Dicho de otra forma, según la tradición judía, el único casamentero en realidad es Dios.

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