El viacrucis para estar en primera fila en el Zócalo

Hicimos de todo para ver a Roger Waters

Aunque Fernando Vázquez, un estudiante de música, como buen fan de Roger Waters se fue a formar desde el viernes a las ocho de la mañana para ver en primera fila al rockero británico en el Zócalo la noche del sábado, otros miles optaron por infinidad de artimañas para tener el mejor lugar.

Llegar al preciado primer bloque requirió de astucia, ser buen corredor de la maratón y contar con buenos aliados para lograr tal misión.

Fernando, como otros cientos, acamparon y durmieron sobre la calle 20 de Noviembre. Decidieron numerarse con plumín negro en la mano derecha y no perder en ningún momento el orden.

Unos más prefirieron aparecer justo a la salida del sol, a eso de las siete de la mañana, cuando la fila llegaba hasta Izazaga. Con aparente disciplina se veía a muchos llenar la ficha que encargó el Gobierno de la Ciudad de México con datos personales, la cual al final jamás se ocupó.

A las 10 empezó a avanzar la hilera. Entre desconocidos se sentía un ambiente de camadería, que terminaría por funcionar para acceder de la mejor manera, de un momento a otro, pues al moverse la formación unos decidieron correr y aprovechar los huecos para meterse.

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Roger Waters fila

“Tenemos que meternos, no hay de otra”, dijo Ernesto Altamirano. Su propuesta fue efectiva, porque muchos más ya lo hacían cuando 20 de Noviembre se transformó en una carrera de multitudes que rompieron toda formación, numeración y protocolos.

Se sumaron a esta idea Homero Islas e Ignacio Téllez, quien junto a su joven hija Jazmín, venían desde Pachuca para disfrutar del show. Y a correr se ha dicho…

Una vez acomodado alguno del equipo, uno lo buscaba y regresaba por los demás; el objetivo:mantener el lugar y apoyarse entre cuates. 

Finalmente después de las 12:00 del día se concretó el cometido, tras pasar un dispositivo de seguridad pública, el primer bloque era nuestro, el cual se empezó a llenar y se gozaba de un ambiente de cierta tranquilidad.

Jóvenes y viejos fans, venían de infinidad de lugares, desde Guadalajara, Veracruz, hasta Costa Rica y Argentina. 

Precisamente la costarricense Sara Guevara y la argentina Eliana Rodríguez, disfrutaban con sus amigos mexicanos y se preparaban para el concierto, las cuales son chicas de intercambio estudiantil por parte de IPN y que decidieron darse un rol.

También se paseaba entre la gente el español Rodrigo, quien hacia piruetas con una especie de mantelitos a los que él llamaba “estrellas de voladoras”, en tanto el público las llamaba“pizzas”. Según su intención era impregnar de buena energía y espiritualidad a todo el lugar.

Pero no contaban con la astucia de algunos chilangos, pues justo después de las 16:30 horas que salió Roger Waters a saludar a sus fans antes del concierto, una avalancha humana invadió la primera zona.

“Portazo, portazo”, se escuchaban los gritos. Porque para algunos “el que no tranza, no avanza”, los que estaban más atrás lograron burlar la seguridad y acceder al primer bloque, sin más ni menos.

El ambiente se convirtió hostil, con empujones, apretujones, ni un alfiler entraba; en una espera de tres horas que faltaban, la gente apechugó, sin poder reposar un rato, con un calor inclemente las voces clamaban a los policías “queremos agua poli, traiga y se la pagamos”. 

La insolación azotó a algunos que desertaron y pedían fueran sacados por elementos de seguridad. Otros aventurados decidieron salir y llenaron bolsas de plástico con unos buenos litros de líquido, que después rolaban y le entraban sin cuestionar su procedencia. 

Entre los hombres se escuchaba: “Traigo varias bolsitas para orinar”, las cuales también nadie supo su destino… se presumíasalían volando por los aires… De las chicas ninguna chistó, parecía que aguantaron el ir al baño, pues al parecer si salías, no había regreso.

Ocho horas de espera, hasta las 20:00 horas inició el show de Waters y luego de que toda la tarde caló el sol, se desató una tormenta justo al arrancar la presentación, que por lo menoshasta la mitad, no paró de llover.

Así lo vivieron unas 200 mil almas que colmaron el Zócalo, que aunque no se sabían todas las rolas, “Another Brick In The Wall” fue la más querida y tarareada, especialmente la parte: “Hey teacher leave them kids alone”.

Momentos especiales también se sintieron cuando salió el cerdo aerostático sobre el Zócalo, en dedicatoria al candidato presidencial de Estados Unidos, Donald Trump, cuando la gente inmediatamente lo jaló para intentar poncharlo y que finalmente perdió vuelo cuando atravesó el escenario de un lado a otro.

“La espera valió la pena”, reconocían muchos, como los amigos de Pachuca, que gastaron solamente 200 pesos en llegar y regresarse, porque lograron escuchar a su ídolo, en un recital con actitud, empujones, apretujones, carreras, mantenerse a pie por algunas horas e inclemencias del clima. Demostraron que más allá de la gratuidad, supieron rendirse como buenos fans deRoger Waters en un concierto de rock.

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