El arte de evidenciar lo obvio

Confesiones de una sexóloga

Por ejemplo, la semana pasada, fue acerca de los límites sexuales…esta semana le toca el turno a evidenciar lo evidente; lo obvio.

Suena ridículo, pero si nos detenemos un momento a pensar esto, a ratos no es tan fácil hacerlo. En ocasiones nos pasamos una vida tratando de ocultar lo obvio o de hacer como que no nos importa.

Sí, trataré de ser más clara. Por ejemplo, tal vez soy chaparrita y me he pasado la vida haciendo como que no me importa ser bajita; aunque siempre estoy de tacones y el PEOR insulto que me pueden hacer en la vida es decirme justo eso: chaparra. Y es que no sé, pareciera que traemos un letrero que dice "moléstame porque estoy chaparra". Esto traspólenlo al defecto que más les duela y/o moleste en la vida (si es algo físico es más fácil de identificar).

Ejemplos, hay muchísimos… puede ser que mi trauma en la vida sea estar gorda -como es mi caso-; tener una nariz grande; los dientes manchados -y ni siquiera me atreva a sonreír-; una pierna más larga que otra; un ojo de un color y uno de otro; las orejas grandes; la piel llena de granitos; etc. No importa qué sea, si nos peleamos todo el día con lo mismo y nos repetimos constantemente cosas como: "¡Claro, no tengo pareja porque estoy orejón!" ó "Si fuera alta, sería feliz; si soy infeliz es porque estoy chaparra"… probablemente sea momento de hacer algo distinto ¿no crees?

Cuando algo nos duele y nos molesta tanto, le ponemos mucha energía al hecho.

Aquí es donde entra en acción el arte de evidenciar lo obvio. Cuando algo nos duele y nos molesta tanto, le ponemos mucha energía al hecho. En cambio, si aprendo a burlarme de mí, de eso que me duele, a hacer evidente lo que todos ven… le bajo la atención; le resto importancia.

Un poco -o un mucho- de este tema, está ligado a la resignación. Si yo neta, acepto convivir con el hecho de que tengo orejas de Dumbo… ¿qué me queda? Seguir con mi vida y tomarlo con filosofía. Si me empeño en esconderlas y me ofendo cada que alguien me diga lo evidente: que estoy orejón; voy a sufrir mucho.

Parece de risa, no me debería ofender que alguien me dijera gorda; no es un insulto, sólo está describiendo una realidad. Sin embargo, como la primera que no se resigna y se pelea todo el día con su realidad -estar gorda- soy yo, contesto cosas como: "A mí lo gorda se me quita, pero a ti lo pendejo no te lo quita nadie". En cambio, si me aprendo a reír de mis lonjas, la próxima vez que alguien me describa lo evidente, echaré una carcajada.

La invitación de esta semana es a reírnos de nosotros, de nuestros problemas, inclusive -si puedes- llévalo al ridículo. ¿Duele? Por supuesto que duele, pero también libera como pocas cosas.

Aprender a reírnos y/o burlarnos de nuestros traumas/ problemas/ complejos/ defectos nos ayuda a soltarlos; a verlos con menos solemnidad. Inténtalo, lo peor que puede pasar es que te dejes de azotar y veas "tu problema" desde otra perspectiva.