Confesiones de un bolero chilango

'Los trajeados son los que más regatean'

Daniel es un maestrazo de “la bola”. Día con día le da grasa a decenas de zapatos en uno de los barrios más emblemáticos de la Ciudad de México: La Merced. Armado con su tradicional cajón, camina por las calles del barrio poniéndole alma y corazón a un oficio emblemático que ha resistido el paso del tiempo.

Lo encuentro en la calle de Circunvalación, frente al Mercado de las Flores. Mientras le da grasa a las botas del cuate que me acompaña, comenzamos la charla:

¿Cuál es tu nombre completo?
Daniel González Benito, para servirte.

¿Cuánto llevas dedicándote a ser bolero?
Unos cuatro años y medio, más o menos, ya voy para cinco

¿Cómo fue que decidiste entrarle al oficio? ¿Fue por herencia o eres primera generación?
Le entré solo. Yo antes era ayudante de albañil, hasta que me di cuenta de que ya no me alcanzaba para nada con lo que me pagaban. Entonces, platicando con un amigo, me dijo que se dedicaba a esto y sacaba de dos mil a dos mil 500 pesos a la semana. Entonces ya fue cuando dije “a la mejor con suerte a mí también me va bien”. Y órale, decidí agarrar mi cajoncito y dedicarme a ser bolero.

¿Dónde se consigue el equipo? Porque hay que comprar el cajón, la grasa, los cepillos…
Mira, si tú quieres un cajón bien hecho y que te aguante, lo tienes que mandar a hacer. Porque sí los venden, pero luego salen malos y resulta peor. Mejor lo mandas a hacer con un carpintero, porque los que venden ya hechos son muy frágiles y no soportan el peso de la persona y se truenan.

¿En cuánto sale mandar a hacer un cajoncito de estos?
Entre 200 y 250 pesos. Y ya la grasa, las tintas y las brochas se consiguen en las tlapalerías. O luego yo voy directo a la fábrica de Pacsa: aquí hay una en el Mercado Sonora, en la calle de Sur 81. Ahí yo consigo todo y me sale más bara que comprar en otro lado.

¿Cómo cuántas personas atiendes al día?
Unas 30 o 40 personas, más o menos.

¡Órale, sí es bastante! ¿Y qué días chambeas, de qué hora a qué hora?
Pues yo trabajo de domingo a domingo, no tengo días de descanso. Prefiero aprovechar el tiempo trabajando, además me gusta mucho lo que hago.  Mi rutina es trabajar desde las 7 de la mañana a las 6 de la tarde.

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Misión cumplida

Oye, me comentabas que le entraste a esto porque querías que te empezara a ir mejor. ¿Cómo cuánto sacas a la semana?
Entre dos mil 800 a tres mil pesos, más o menos.

Pues unos 12 mil al mes, nada mal. ¿Y en cuánto sale la boleada?
Yo la dejo en quince pesos. Hay quienes la dejan más barata, a 10, o están los que se manchan, que ya la ponen a 20 o 25. Yo sé que trabajo en una zona popular y pues por eso prefiero dar un precio que es lo que yo considero justo por mi trabajo.

¿Y quiénes son tus clientes promedio?
Pues la gente de paso. Digamos que un 70% por ciento gente de la calle que va pasando. El otro 30% es de ya mis clientes frecuentes.

Hablando de tus clientes, ¿quiénes son los que te caen mejor?
La verdad la gente que es más del barrio es la que sabe lo que cuesta ganarse el dinero, por eso no pone peros ni regatea. Me pasa mucho con los trajeados, con los que ya una vez que les terminé el servicio y les digo que son quince pesos, me dicen que se los deje a 10. O si preguntan desde antes, son los primeros en regatear. Y pues a veces sí se los dejo a 10, prefiero eso a no ganarle nada. Ya con el siguiente cliente me repongo. La cosa es no dejar de trabajar.

¿Qué cosa le dirías a las personas para que tu oficio sea más valorado?
Justo eso, que lo valoren. Yo, por ejemplo, antes de entrarle a esto, lo dudé porque me decía a mí mismo “¿Cómo de bolero?”. Se me hacía algo… no sé, como que me daba pena. Luego me di cuenta de que es un oficio honesto, la verdad prefiero hacer esto, y aunque es una chamba en la que me paso un buen rato dándole duro, mejor esto que robar o algo así. Estoy orgulloso de mi trabajo y ojalá esta entrevista sirva para que la gente lo valore.

Daniel termina con los zapatos de mi cuate y ceremoniosamente guarda en su cajón el pago por sus servicios. Mientras nosotros nos dirigimos hacia el Metro Merced, él continúa su camino por Circunvalación, a la espera de que aparezca otro cliente.