A una semana, a esto huele el Tec…

Después del explosivo ¿viene la calma?

Mauricio Hernández Armenta
Todos los autos que ingresan por el estacionamiento son revisados por elementos que cuidan celosamente cada centímetro del lugar. Largas filas de espera hacen pensar que las cosas no andan bien, que será cuestión de eternos minutos los que nos llevará lograr el acceso a nuestras clases.
 
"Una ligera revisión joven, abra su cajuela de favor", me dice el vigilante, el cual obedece al llamado de otro uniformado que se encuentra en la caseta de ingreso. "El Jetta iba limpio, traía unas herramientas, déjalo", le grita.
 
El momento, más que causar temor, me remitió a los acontecimientos del pasado lunes 8 de agosto, día en que el grupo de activistas autonombrado  Individualidades Tendiendo a lo Salvaje (ITS) hizo llegar a la institución un paquete explosivo dirigido a la docencia.
 
Mi turno a ser revisado continuaba, bajé el volumen a Jane´s Addiction y mi disposición fue total hacia los vigilantes.
 
Una vez pasado este ‘retén’ y con un retraso quizá de 10 minutos, busqué dónde dejar mi auto para dirigirme a un túnel (que el guardia me indicó), en donde tendría que registrarme para ser guiado hacia el salón en el que tomaría mi sesión.
 
Credencial de mi medio, licencia de conducir, IFE, o cualquier identificación que me acreditara como humano, me fue solicitada por un vigilante, esta vez poco amable. "No traigo identificación de mi medio, señor; vengo a estudiar, no la creo relevante", le dije confundido. Sólo tomó un radio, no entendí lo que dijo en él, y me permitió el acceso.
 
Corrí hacia el aula donde ya mi clase estaría avanzada. En el apresurado paso, logré percibir ligereza entre la comunidad académica. Jóvenes leyendo, algunos sentados en las bancas, otros caminando, algunos inmersos en sus teléfonos… Vaya, todo era normalidad. Yo seguí corriendo, no podía perder mi clase. 

Hermetismo 2.0

Al llegar al salón esperaba quizá algún cambio de dinámica, un protocolo fuera de lo común, palabras de más, creo que deseaba una explicación, aunque no era algo necesariamente forzoso.
 
Quizá un resumen de lo ocurrido; pero nada, todo normal, la sesión continuaba por parte de los profesores como si nada hubiera pasado, con gran hermetismo, uno que enfriaba aún más la confusión que aquí detallo.
 
Mis compañeros teclean en un ambiente sonoro, ausente de humor, robótico. Es de periodismo y tecnología de lo que trata la cátedra. De nuevas formas de comunicarnos, de redes sociales, de ligas, de URL´s, de esto y más se abunda, pero de lo otro no, de eso no se habla.
 
Las caras a mi alrededor las aprecio coincidentes: ingenuas, confusas, grisáceas, hambrientas de datos, de explicaciones, pero sólo se remontan a seguir a detalle lo sugerido por la escuela "Mcluhiana", la que abordará la temática de NANOTECNOLOGÍA.
 
Después de un par de cafés y algunas galletas, acepto esa realidad, la de estar sentado tomando clase en la institución que fue atacada.
 
Éste es el olor del Tec una semana después del fatal siniestro. Su aroma es la seguridad, son dispositivos y detectores, tecnología, circuitos y cámaras, identificadores, instructivos de cómo utilizar las nuevas herramientas web para comunicarnos.
 
Mi sesión terminó, no se comenta nada, el llamado por parte del profesor a realizar alguna tarea es nulo. “Nos estamos viendo, aquí apunto mi correo para cualquier duda, descansen”, son las palabras con las que finaliza mi actividad escolar en los rumbos de Lago de Guadalupe.
 
Regreso a mi auto por el mismo túnel, con la duda y el idéntico semblante. No supe nada, quizá no deba interesarme en lo absoluto, no lo sé. Lo único que percibí a una semana de lo acontecido, fue este grisaceo color aquí descrito.