Guerra Mundial Z o el exceso de los zombies

A propósito de la visión norteamericana de la abundancia

Zombies, zombies, zombies y más zombies

Hay una especial afición hacia los zombies. Quizá no sea igual de importante que la que hay por los vampiros, pero sí es muy nutrida. Esta fascinación se ha acentuado en los últimos años, consecuencia, quizá, de la presencia en televisión por cable de la serie The Walking Dead. Y seguramente la aparición de los ya famosos Zombies Attack Spranks, en diferentes ciudades alrededor del mundo, puede rastrearse hasta la aparición de esta serie de televisión.

La más reciente película de zombies, Guerra Mundial Z (Marc Forster, 2013), ha aprovechado, este encanto por los muertos vivientes. La película es, en buena medida, una dotación continua de zombis… zombies, zombies y más zombies, por todos lados… muchos, muchísimos, hartos. Y parece ser que ésa fue la principal intención de esta película, suministrar zombies a más no poder.

Sin duda, el arrojar productos en dotaciones gigantescas es un reflejo de la visión de una sociedad. Por ejemplo, Cloudy with a chance of meatballs o Lluvia de Hamburguesas (Chris Miller y Phil Lord, 2009). En esta película, un pueblo es asediado, hasta la coronilla, por exuberantes lluvias de hamburguesas y otros alimentos. Esto no es más que la visión norteamericana de la abundancia, un ofensivo exceso que no comparten más de la mitad de la población mundial. Y no sólo sucede con la comida, el exceso norteamericano se manifiesta en diversas esferas, incluye la interconectividad en las redes sociales. Ellos son los mayores usuarios de Facebook, lo que más amigos tienen y de más partes del mundo.

Por tanto, no es de extrañar que Guerra Mundial Z nos ofrezca no sólo muchos zombies, sino también de todas partes del mundo, desde México, pasando por Corea del Sur, Rusia, Israel, en fin. Cuantiosos zombies a escala mundial, que forman montañas de gran altura, o que llenan en instantes plazas urbanas y estadios.

Es cierto que las imágenes de esta vastedad impresionan, pero hacen sólo eso, sobresaltar un instante para después evocarnos instantes de nostalgia, cuando los tiempo eran más simples, cuando los muertos vivientes de George A. Romero (La noche de los muertos vivientes,.1968) asolaban a un solo pueblo, en una comunidad rural, y la acción y la tensión se generan dentro de una casa. En la vida y en el cine, el que mucho abarca poco aprieta.