Calabozo del Androide 29

Los monstruos vulnerables de Chet Zar

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A primera vista, las contundentes pinturas de Chet Zar presentan macabros retratos de monstruos agonizantes y lóbregas doncellas, cobijadas por imponentes paisajes post apocalípticos. Pero al mirar a profundidad, se percibe cierto tipo de camaradería a través de expresivos hocicos y arrugados rostros melancólicos. Aparentemente, provenientes de llanas colinas estériles retacadas de nuboso humo. Una pausa, bocanadas de aire caliente y tufillos de ardiente queroseno, sentirá la vista a quema ropa.

Una pasión por lo oscuro, lo putrefacto, la carne y todo tipo de matices mezclados con vehemencia a la pintura, traducidos en imborrables piezas de arte. 

La distintiva visión de Zar le ha distinguido alrededor del basto circuito de galerías angelinas. Su presencia en el género del surrealismo pop fue cimentada por su agudizada habilidad técnica, refinada por sus más de veinte años dedicados al fantástico orbe del maquillaje, efectos especiales y creación de personajes para cine y videos musicales. Su trabajo sobresalió en Planet of the Apes, Hellboy, The Ring y Terminator 2, donde conoció al gran Adam Jones —guitarrista de Tool—propiciando repetidas mancuernas en el arte de los videos “Schism” y “Parabola”,por citar algunos.

Tomaron pocos años para que Chet dedicase tiempo entero a la confección de su fino arte. La transición fue fomentada por Clive Barker, quien le encamino a ceñir y palpitar motivos fantasmagóricos en su recorrido pictórico.

Las múltiples capas que constituyen su arte comienzan con un boceto a lápiz grueso que pasa por un scanner e imprime como referencia. A mano alzada traza la imagen con óleos en su canvas. Continúa con blancos y negros, definiendo formas y contornos en lo que parecería una pintura terminada. Barniza con colores transparentes añadiendo brillos. Finalmente, incorpora con espátula algo de textura, mezclando más óleo con zec, material que añade cuerpo a la obra.

Su latente sinceridad e impenitente humor brilla en sus piezas, haciéndolo fácil de identificar en sus penitentes criaturas, no importando cuan fastidiosas, molestas o siniestras puedan parecer.