7 Razones para odiar los intercambios navideños godínez

Que sea de calzones, que te toque el jefe y más

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Una de las mayores expresiones de la vida godínez es el intercambio navideño, ése en el que, mediante un sorteo, el oficinista se ve obligado a darle un regalo a una de esas personas con las que convive la mayor parte del día.

Es tan tradicional que ya hasta existen aplicaciones para celular que ayudan a facilitar el proceso de saber quién será el suertudo al que le toque la guapa de la oficina y el pobre diablo que tenga que darle un obsequio al jefe (aunque lo odie).

Cambiar el papelito con el nombre de ése que te cae mal porque nunca lo regañan por llegar tarde siempre será mal visto, así que no hay cómo zafarse de este ritual.

Aquí 7 puntos que seguramente harán que ratifiques tu odio por el tradicional intercambio navideño de la oficina.

1. El Amigo Secreto

O si la empresa en la que trabajas se trata de un corporativo internacional (de esos que le ponen nombres en inglés hasta al papel de baño) se llamará “Secret Santa”.

Consiste en que, durante varios días previos al intercambio, dejes un pequeño regalo en el lugar del compañero que te tocó, así nomás como para calentar motores. La idea es que él o ella nunca se enteren de quién es su admirador secreto, aunque el resto de la oficina sí lo sepa.

Es decir, además de gastar en el regalo del intercambio, ahora te obligan a comprar chocolatitos, galletitas, donas, florecitas o, si son más alternativos, un cómic o un vaso con apios orgánicos para alguien que quién sabe si te cae lo suficientemente bien como para darle tantos presentes.

2. Que le pongan precio mínimo

Normalmente, en una oficina todos tienen diferentes sueldos, ya que hay diferentes tareas por cumplir. Así, una secretaria no gana lo mismo que el gerente, ni el gerente gana lo mismo que el director, ni el director gana igual que el mensajero… entonces, ¿por qué todos deben regalar cosas del mismo precio?

Así, el porcentaje del salario que debe invertir un gerente para el regalo, no será el mismo que el de un director (y de ahí para abajo), así que establecer que los regalos deberán ser de 200 pesos es menos democrático de lo que parece.

3. Que te toque el jefe

Una de las peores pesadilla de todo godínez es que en el intercambio navideño le toque el jefe… ¿o hay algo peor que regalarle a la única persona de la oficina con la que tendrías que quedar bien?

Con cualquier otro compañero puedes regalar algo cumplidor, ¡pero con el jefe te tienes que lucir!, ¿o quieres que piense que eres poco creativo y que no te esfuerzas tanto como se hubiera esforzado otro miembro del equipo?

En una de esas, a tu jefe se le olvida tu regalo después del intercambio, ¿pero si no es así? Toda una pesadilla, pues.

4. Que lo hagan ‘temático’

Suéteres, libros o discos, todo puede ser tema para un intercambio godínez que, en una de ésas, más que ayudar, puede limitar la creatividad del que se quiere lucir con su regalo porque le tocó la chica de Nóminas que siempre sabe qué día y a qué hora van a depositar el aguinaldo.

Aquí es cuando puede llegar ese momento en el que los compañeros de oficina se ponen “creativos” y les da por que el intercambio sea de cosas tan “originales” como unos calzones. Ahí sí es donde este ritual toca fondo.

5. Hacerlo en una comida o cena afuera de la oficina

Además de que durante nueve horas al día convives con las mismas personas dentro de la oficina (las cuales contrastan con las tres o cuatro que le puedes dedicar a tu familia, novia o amigos), se les ocurre que es buena idea realizar el intercambio durante una cena el 23 de diciembre a las 7 de la noche, justo cuando ya quieres enterarte de todo, menos del trabajo.

Así, además de tener que gastar en el regalo, tienes que mocharte con tu parte de la cuenta que se dividió en partes iguales, por lo que tendrás que pagar los güisquis que se tomó el de Contabilidad que no ves mucho porque suele trabajar en el piso de arriba (y aunque tú sólo hayas pedido una Coca light).

Si a esto le agregas que, ya con un par de chelas encima, Pedrito te empieza a tirar el can y a decirte que siempre le has gustado pero le daba miedo decírtelo, quizá buscarás la forma de salir rápido de ahí… pero, ¡un momento!… el intercambio todavía no comienza y te vas a ver muy mal si te vas temprano. El intercambio es una especie de karma.

6. Tener que fingir que te gustó el regalo

Si el que organizó el intercambio no tuvo la delicadeza de solicitar una lista de opciones de regalo para garantizar que el presente que te llegue sea el que quieres, tienes 99.9 por ciento de posibilidades de que te den algo que no te va a gustar.

Y como la mayoría de las veces no hacen esa lista, pues desde un par de días antes tendrás que ensayar tu cara de felicidad y sorpresa por recibir ese libro de superación que nunca leerás, ese suéter color mamey que nunca te pondrás, aquel disco de la Arrolladora que detestas (o ya tienes), ese perfume que te da náuseas oler o la caja de chocolates que nunca te comerás (o sí, pero te harán engordar).

7. Que vean feo al que no le quiso entrar

Si alguien en la oficina tiene los suficientes pantalones como para decir que no quiere entrarle al intercambio, es muy probable que, aunque se haya atrevido a decir eso que tú pensaste durante semanas, sea blanco de críticas y de acusaciones de “cortado” que no quiere intercambiar regalos para convivir.

¡Justo por eso, es mejor entrarle al intercambio godínez! Es decir, es un callejón sin salida.

¿Qué más detestas de los intercambios en la oficina?

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