Probablemente creas que no te hace falta tener sexo. Que te basta con el que tienes o que simplemente entraste en una etapa zen en la que el cadereo no ocupa un lugar importante en tu vida.

Oh, error. La falta de aporreadas de tu cama contra la pared se nota y mucho. No es una nimiedad ni puedes ocultarlo. A ver, seguramente se han topado con el tipo de la papelería que los atiende con una jetota o con la chica que vende boletos en el Metro, que ni siquiera contesta el “buenos días”. Y bueno, no faltará el jefe de alguno de ustedes que siempre está de malas, le grita a todos los colaboradores y se desquita con ellos. Sí, a todos ellos les hace falta una buena sesión de sexo duro contra el muro.

Aquí les pasamos una lista con detallitos que los delatan. Si encajan con más de cinco o si detectan estos síntomas en alguien cercano a ustedes, compartan la nota (como quien no quiere la cosa) para que se den cuenta que les urge una manita de gato.

1. Mal humor y estrés constante y sonante. Todo te irrita y hasta lo que no comes, te da diarrea. Más de una persona te ha dicho: “qué genio te cargas”. Signo i-ne-quí-vo-co.

2. Te molestan las muestras de afecto entre los demás. Bah, ¿qué te importa que los demás se hagan arrumacos? O sea, no hablamos de aquéllos que quieren engullir como boas a sus parejas, sino de esos que sueltan un besito o un cariño a sus medias naranjas. Sí, hasta eso te produce calambres.

3. Quieres regresar con el ex que te partió la mandarina en gajos. (Y con quien te echabas unos buenos quiebres).

4. Estás enfermo TODO el tiempo. El sexo libera endorfinas, que tienen un poder analgésico en tu cuerpecito. Si tienes dolores de cabeza constantes, un motivo podría ser la falta de sexo (igual no está de más que te revise el doctor, por aquello del no te entumas).

5. No logras echarte una pestañita. El insomnio es muy canijo y una de las causas es la falta de sexo. ¿Por qué? De nuevo: las endorfinas. Cuando éstas se liberan, el cuerpo se relaja y logras conciliar un sueño más profundo y reparador. Morfeo… ¡ven a mí!

6. Andas en la lela.Te cuesta trabajo concentrarte. Te tienen que repetir mil veces las cosas y no logras unir tu cerebro con tu boca. Un estudio realizado por la Universidad de Maryland reveló que el sexo aumenta la neurogénesis, proceso mediante el cual se forman nuevas neuronas. Así que, Einstein, a darle.

7. Desconfías de todos.Cuando una persona tiene un orgasmo se libera oxitocina. Esta peculiar hormona está vinculada con la formación de relaciones de confianza. Si conoces a alguien que no confía ni en su sombra, ya sabes qué le hace falta…

8. Nomás no bajas de peso.Te has matado de hambre, pero no logras bajar ni un kilito. El gimnasio no es una opción, puesto que no tienes lana ni tiempo para ir. El sexo podría ayudarte. La solución está en tus manos (y en otras partes del cuerpo…).

9. Tu piel luce opaca. Por más que te embadurnas de cremas y menjurjes de tu abuelita, tu piel se ve apagada y sin brillo. Bueno, pues si tuvieras un poco más de sexo, esto no sería problema, ya que ayuda a activar la circulación sanguínea y a que se oxigene tu cuerpo.

10. Te has dejado de arreglar.Sólo te bañas porque de plano no quieres oler a vagón del Metro. Nada de acicales ni de coquetería, tu barba luce desaliñada y tu pelo ya tiene orzuela. Y esto es un círculo vicioso: como no tienes sexo, no te arreglas y como te ves pa’l perro… no tienes sexo.

Vamos, ¿quién se niega a tener una noche de liberación de estrés? Ayudemos a que haya menos neuróticos al volante en nuestra querida ciudad y tengamos más sexo. Se hacen un bien y a todos nos favorece. ¿No creen?

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