Hay quienes llegan a quejarse de que, a la hora de la sexualidad, lo primero que hace su pareja es correr a sus genitales e ignorar zonas erógenas poco atendidas, que a las mujeres les encantan, como los antebrazos, detrás de las rodillas, las palmas de las manos, el ombligo.

¡Bingo! Hay más hoyitos en el cuerpo que los por todos anhelados. Sí, todos, tienen una razón de estar, ¿qué tal si la del ombligo es acariciarlo y juguetear con él?

Y luego, ahora sí, la consumación.