Meterse a una página porno y ver videos de la clasificación que uno quiera, con los fetiches que uno tenga y de la calidad que uno busque es pecata minuta. Los aficionados al cadereo virtual se van como hilo de media con todas las opciones que pueden encontrar.

Pero la verdad, a veces hace falta algo más interactivo. O sea, no está mal llevar una relación íntima con Manuela, pero de vez en cuando hace falta que a uno le soben la espalda o que de perdida, alguien les tire un hueso, aunque sea de forma virtual.

Por eso nos metimos a páginas de webcams que prometen satisfacer los ánimos voyeristas e interactuar con otras personas que también están a punto de turrón.

Aquí les va lo que encontramos detrás de cam4.com y Mexicosexcams.com:

La privacidad

Al entrar a Cam4, sale un pop up con una advertencia sobre el “material sexualmente explícito”. Igualmente te informa que si te ofende esto, mejor le llegues. Algo muy importante es que rechaza todo tipo de pornografía infantil y hace que la persona que quiera acceder a la página confirme que es mayor de edad.

Eso sí, hay un apartado sobre la seguridad del usuario donde ofrecen consejos para que no bailen pegado como por ejemplo: tener un navegador para la transmisión de la webcam o no utilizar el nombre real ni vincular tus redes sociales al sitio. También se pueden bloquear los países o estados para que no accedan a tu cámara. No vaya a ser que te encuentres con tu tío Raulito…

El registro

Para poder acceder a los servicios de Cam4 hay que registrarse con un correo y un nombre de usuario. Una vez creada la cuenta, uno puede personalizarla con datos como fecha de nacimiento, orientación sexual, estado civil, ciudad, idiomas, ocupación, si le entras al cigarro y al alcohol, edad, género y tus atributos físicos (claro, el papel aguanta todo).

Puedes elegir quién ve tu perfil, ya sean hombres, mujeres, parejas, trans, o bien, según tu idioma y tu ubicación.

Y como la cereza del pastel, puedes subirle una foto tuya (que puede ser, incluso, en traje de Adán y Eva). Pero aquí no acaba la cosa, están en fase de prueba para que tengas tu propio Fan Club. Por una lana, la gente puede tener acceso a tu galería de imágenes privadas, mensajes privados durante tus shows (así le dicen), correos ilimitados y acceso espía a tus shows privados. Las fichas van desde los 9.95 hasta los 84.95 de los verdes. Pero hay que tener mucho ojo, pues una vez hecho el cargo, se repite mensualmente. Digamos que es para “aumentar” tus fans.

También tienes la opción de bloquear gente, editar tus gustos sexuales y hacer una lista de deseos con juguetes o material de BDSM. Todo un sistema para tener un perfil llamativo.

La acción

Ok, puedes elegir entre mujeres, hombres, parejas, trans, recientes, webcams de México y en español. Cada imagen te dice de dónde es el modelo y su orientación sexual.

Entramos al perfil de roy21jahre, de Alemania. A un lado, se ve una pantalla de chat con algunas personas que escriben en él. A la izquierda está “roy” jugando con un playstick (real, su paquete lo tiene en el olvido).

Evidentemente lo que estamos viendo es un video de un tipo que no le tira un lazo a quienes le escriben. Sin acción, sin interacción, sin nada de nada. De repente voltea a ver a la cámara como para hacerte creer que te lee. Pero sinceramente esto es más aburrido que ver el Canal del Congreso.

El gancho es este video en el que los usuarios ven a un bombón que quisieran que brincara en su colchón. Pero la realidad es que para tener acceso a sus shows grabados y privados hay que pagar. Así de simple:con dinero baila el perro.

Después de un rato, entramos al perfil de “apollozeu”, de Italia. Aquí de nuevo vemos un video, pero ahora con un tipo de espaldas haciéndose manualidades sin mostrar nada, sólo se ven los movimientos y su cara una vez que se voltea. Al parecer interactúa con los que están en el chat, o al menos eso te hace creer. Si lo saludas, obviamente te ignora. ¿Qué hacer para que te pueda pelar? Pues los que caen incautos, pagan.

Bah, después de un rato, nos brincamos a Mexicosexcams.com. Lo mismo, sólo que en esta página uno puede encontrar chicas bi, chicos gay y lesbianas. Ninguno de los apartados contiene chicos heterosexuales. Un tanto machista el asunto… ¿quién dice que no hay por ahí alguna chica que le gustaría ver a otro chico?

Al entrar a la cámara de “GINALOVE” vemos a una mujer estadounidense de 28 años chatear con los que aparentemente están en esa ventana. Todo un show montado para que la gente crea que en algún momento ella les tirará un lazo. Tras transcurrir un tiempo, la “transmisión” se corta y sale un anuncio con una cordial invitación a pagar para chatear con Gina. Lo mismo.

La realidad

Estos sitios son un negociazo. Digamos que aprovechan la imperiosa necesidad de interactuar con un modelo que aguanta un piano y que además te dedicará sus mejores orgasmos. Pero en realidad, todo es un ardid publicitario para que pagues y obtengas lo que quieres por un tiempo determinado. ¿Quieres ver más? Paga más.

Así como lo retrata el documental de Netflix: Hot girls wanted, dirigido por Jill Bauer y Ronna Gradus,el sexo amateur está en boga. Ver porno con modelos esculturales ya no es tan atractivo para muchos. Buscan la imagen de una chica/o común y corriente. Alguien con quien verdaderamente creen que podrían tener un chance.

Por su parte, las chicas/os que están atrás de la pantalla ven en esta modalidad de cibersexo, una forma para ganar unos centavos. Claro, su público cae redondito ante la posibilidad de interactuar de forma “real” con alguien de carne y hueso, aunque sea a la distancia. Están dispuestos a aflojar cualquier cantidad de dinero con tal de que esto se haga realidad.

La promesa de ganar mucho dinero a través de esto les guiña los ojos. La cosa es que desconocen la explotación y lo que implica estar bajo el mando de sus reclutadores. “Somos libres, tenemos el mundo en nuestras manos. Hacemos lo que nos da la gana”, dice una de las chicas que participan en el documental. Asegura ganar 900 dólares por cinco horas, a diferencia de los 8.25 que ganaría, quizás, vendiendo hamburguesas en su lugar de origen.

Y sí, con páginas como cam4 o Mexicosexcams, donde uno tiene que pagar por todo lo que hay ahí, sin duda esta modalidad del cibersexo les deja mucha lana.

¿Qué opinan? ¿Le entran?

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