Muchas veces me preguntan qué posiciones pueden hacer cuando tienen ganas de estar con su pareja, pero están cansados o no se quieren mover tanto o simplemente quieren disfrutar de un encuentro diferente y romper un poco con la rutina.
No se diga más… aquí algunas de ellas.

El trapecio
¿Cómo es esto?

Muy sencillo… él se sienta con las piernas abiertas y la mujer se coloca arriba suyo. La toma de las muñecas, mientras ella se deja caer hacia atrás.
¿Qué hay que hacer?
Relajarse y dejarse llevar por el vaivén de la pasión.
¿Por qué vale la pena probarla?
Porque de cuando en cuando, está rico entregarte a la fuerza de tu compañero y dejar que marque el ritmo con el que te atrae hacia su cuerpo. Además, es una postura maravillosa para romper con la rutina.

El engrane
¿Cómo es esto?

El hombre se sienta, de preferencia en una silla o taburete, y la mujer –de frente a él- se acomoda encima.
¿Qué hay que hacer?
Recibir cómodamente a tu compañera y dejar que los cuerpos encajen solitos.
¿Por qué vale la pena probarla?
Porque dentro de la variedad de posiciones que existen, ésta puede ser un buen camino hacia un orgasmo intenso e inolvidable.

La Fusión
¿Cómo es esto?

El hombre se sienta, inclinando ligeramente el cuerpo hacia atrás, mientras se apoya en las manos. La mujer hace lo mismo, de frente a él, sólo que deja las piernas a los lados del cuerpo de su compañero. Pueden dejar las piernas estiradas o flexionadas, como se sientan más cómodos.
¿Qué hay que hacer?
Un foreplay prolongado, ya que esta postura dificulta un poco las caricias y los besos.
¿Por qué vale la pena probarla?
Porque la penetración es profunda, lo cual puede resultar muuuy satisfactorio para más de una.

El abrazo
¿Cómo es esto?

La mujer se coloca en el borde de la cama y él se pone de rodillas frente a ella, de forma tal que quedan a la altura necesaria.
¿Qué hay que hacer?
Abrazar a tu compañero con las piernas y ¡no dejarlo ir!
¿Por qué vale la pena probarla?
Porque es una posición de mucha intimidad, están abrazados y mirándose a los ojos. El contacto –tan cercano- de tu cuerpo con el suyo es una experiencia que no te debes perder.

La balanza
¿Cómo es esto?

El hombre se sienta en el borde de la cama o en una silla, ella se coloca –de espaldas- encima de él. Los dos apoyan los pies al piso.
¿Qué hay que hacer?
Llevar el ritmo juntos -gracias a que están apoyados en el piso- y dejarse llevar por la excitación del momento.
¿Por qué vale la pena probarla?
Porque es una de las posturas más comunes y además él tendrá las manos libres para tocar tus pechos mientras tú te mueves libremente.