“Un amigo que no es del grupo, no diré su nombre, se dedica a conseguirse esclavos. Los elige, los lleva a una de sus casas, los mantiene algún tiempo con él, los viste, juega… Luego se deshace de ellos. Cuando se aburre. Pero lo importante es que me permite verlo. Tengo cámaras escondidas por todas sus casas y ya llevo probablemente…, no sé cuánto llevo, es tal cantidad de grabaciones…

“No tiro nada. Soy la primera persona en México que tuvo discos duros de más de un terabyte, para almacenar toda esa cantidad de video.

“Primero, mi amigo quería que todo fuera verdad, así decía, y hasta secuestró a algunas personas. Pero en 1991, con una muchachita…

“Una pesadilla: resultó que era hija de alguien importante y tapar todo fue dificilísimo.

“Después de esto, le digo, empezó a refinar sus métodos: asumió que lo que hacía era un juego y aprendió a convencer a la gente de irse con él, es decir, a buscarse personas con fantasías parecidas a las de él mismo. El mejor de todos ha sido un oficinista, un tipo anodino, feo, en realidad bastante estúpido pero con un entusiasmo increíble…, pero ha tenido de todo.

“Cada año editamos los highlights de cierto número de grabaciones y hacemos algún tipo de montaje interesante. Él recibe una parte de las ganancias y yo me quedo con el material en bruto.

“No me gusta, me fascina. Tengo en mi casa una pared que es una pantalla enorme de plasma, con excelente resolución, y puedo ver los detalles más escondidos de cualquier toma, de las caras…”

El mundo pertenece (escribió Dixon) a esos seres que están, gracias al dinero, por encima de la ética. Y el hecho de que sean precisamente miembros de esta superclase elevadísima quienes compren la obra del Club se considera un ejemplo depurado de la aceptación y reafirmación cínicas que se ocultan tras la fachada de la ironía en el siglo XXI.