“Pero la inspiración vino ese día. Yo estaba en la universidad porque todos los hombres de mi familia han estudiado allí. No tenía ningún interés. De hecho, de no ser por los Seis yo viviría de un fideicomiso familiar. Uno o dos de los otros miembros del grupo están en la misma situación, hay quienes tienen puestos elevados en gobiernos o corporaciones… Francamente, podemos divertirnos como queramos sin ninguna dificultad: tenemos recursos para financiar lo que nos haga falta.

“Lo que descubrimos ese día fue… una especie de belleza… También una oportunidad comercial, claro. Pero la belleza fue primero.

“Todo depende de la explicación, del discurso que viene detrás de la obra. Mire mi caso: a mí me gustan las… inserciones, las llamo…, pero lo importante es que las explico como una invasión del cuerpo: una violación, sí, obvio…, y sí, eso es lo que me excita…, vea cómo no tengo problema para decirlo…

“Pero lo que quiero decir es esto: como yo lo hago, se ve que la violación se puede interpetar, que es símbolo de algo relacionado con la cultura, la sociedad contemporánea, etcétera. Por ejemplo, mi serie de performances sobre los cetros. ¿Conoce el video? Lo hicimos en Berna, en una de las últimas funciones. Un ultrasonido en vivo permitía ver cómo iba entrando cada cetro, y cómo, ya dentro del cuerpo, la punta se abría y dejaba ver alguna figura: un televisor, un signo de dólares…

“Era una crítica, ¿lo entiende?”

Fotografía, arte conceptual, video, música: el trabajo del Club de los Seis, reproducido en tirajes pequeñísimos y ediciones de lujo, ignora totalmente el Internet. Al comienzo el Club sólo se dio a conocer mediante invitaciones impresas a contactos selectos. Actualmente, los suscriptores de los Seis, no pasan de cien, y sólo la renuncia o la muerte de alguno de ellos permite la aceptación de otro.