Rentar el cuerpo a la industria farmacéutica

Ilustración: Richard Zela

En este texto, ganador del segundo concurso de Crónica Chilanga —organizado por Chilango y Premios Ciudad—, el autor presta su cuerpo para la experimentación de un nuevo medicamento a cambio de dinero

*Al momento del envío de esta crónica, Cecyc Pharma, la compañía que se menciona, se ubicaba en la Ciudad de México. Ahora mudó sus operaciones a Xochitepec, Morelos. Decidimos mantener la versión original del texto, pues la experiencia del autor ocurrió en la CDMX.

Quieres ser “voluntario remunerado”? Así se le nombra a quien, durante unos días, a cambio de unos pesos, accede a fungir como conejillo de Indias para la industria farmacéutica. Yo lo hice por tres razones: dinero, vivir la experiencia, y como parte de una investigación sobre la experimentación con seres humanos en México.

La prueba a la que me sometí fue para el Centro de Estudios Científicos y Clínicos, que abrevia su nombre en Cecyc Pharma. Se ubica en Amores 320, colonia Del Valle.* Su cometido es reclutar gente a la cual se le puedan hacer pruebas farmacológicas.

Cecyc Pharma aclara que es una empresa intermediaria entre los fabricantes que necesitan probar sus medicamentos antes de colocarlos en el mercado y los seres humanos con quienes se lleva a cabo la experimentación requerida.

Si eres primerizo por carecer de amigos o parientes que hayan pasado por Cecyc Pharma, es posible mandar un correo electrónico a [email protected] También puedes llamar a sus teléfonos, a la extensión de “Reclutamiento”.

Antes de que te acepten se requiere un examen médico “de rutina”. Al llegar te recibe alguien del personal, generalmente una enfermera, quien pregunta con harto énfasis si vienes en ayunas. Contestarle que sí te otorga pase directo al baño, hasta cuya puerta te acompaña para entregar el frasco donde verterás una muestra de orina.

Después te efectúan un electrocardiograma, seguido por una muestra de sangre: apenas la primera porque, si sales reclutado, la palabra sangría se quedará corta.

A continuación toca el turno del médico, quien toma signos vitales —presión sanguínea y temperatura—, además de calcular el índice de masa corporal mediante el peso y la estatura de cada aspirante. Se descartan a los muy flacos, a los muy gordos y a quienes tienen músculos muy voluminosos. Luego hay un interrogatorio que, por momentos, se asemeja a una “terapia” contra la amnesia: “¿A qué edad fumaste por primera vez?, ¿a qué edad te echaste tu primera copa?, ¿desde cuándo tomas café?”.

Tras unos días, si el examen y el laboratorio no lo contraindican, quedas aceptado como voluntario. Solo resta esperar el siguiente estudio. Los hay con puros varones, con puras mujeres o mixtos.

Cuando alguien de Cecyc Pharma te llama por teléfono para confirmarte el estudio, te dice qué producto será analizado en tu organismo y con cuánto se te va a remunerar. El monto es variable: oscila entre los 2,000 y los 5,000 pesos, dependiendo de la sustancia activa. Se incluye, asimismo, un bono de puntualidad, equivalente a 500 pesos. Si eres novato, se te advertirá sobre lo que está prohibido llevar: bebidas alcohólicas, tabaco, alimentos no proporcionados por la compañía y material obsceno.

Los experimentos que realiza Cecyc Pharma suelen durar casi cuatros días, divididos en dos etapas. Los ingresos son los lunes a las 5 pm y los participantes egresan los miércoles alrededor de las 9 am. Entre etapas se deja transcurrir una semana. Lo anterior, sin embargo, es variable, pues cada estudio es único y su duración total queda en función del fármaco analizado.

Durante cada etapa todo ha de funcionar como reloj suizo, especialmente las extracciones de sangre. Si alguna se atrasara por cualquier motivo, el estudio perdería confiabilidad.

Ilustración: Richard Zela

Lunes, de 3 pm a 5 pm

Regreso a las instalaciones de la colonia Del Valle, luego de ser aceptado. La diferencia, con respecto a la primera vez que vine, está en el número de mujeres y hombres quienes, con sus equipajes a cuestas, muy puntuales, han llegado en pos del “dinero fácil”. Empleados de la compañía los conducen hasta el mismo edificio donde les realizaron la valoración médica y demás exámenes previos.

Hay un error común entre las personas que se someten a los procedimientos de Cecyc Pharma: creer que lo más importante viene al último, cuando se entregan los cheques el día del segundo egreso. Por el contrario, el momento más crítico está en el primer ingreso. La adjetivación toma fuerza porque se trata también del instante en el que están por darse a conocer las características —farmacológicas, económicas, jurídicas y éticas— del estudio.

En un cuarto que también funciona como cocina y comedor, cada invitado recibe un documento de nueve cuartillas titulado Consentimiento informado. Es una suerte de contrato entre las partes que, de un modo u otro, intervendrán: voluntarios, Cecyc Pharma, el patrocinador (o sea, quien encarga el estudio) y un tal Comité de Ética Aretè.

Por principio de cuentas se establece que tendrá lugar un “estudio de bioequivalencia”. En ninguna parte del consentimiento hay una definición clara sobre qué significa este término. Se trata, a grandes rasgos, del cúmulo de efectos que en el organismo humano tiene un mismo fármaco (o sustancia activa), pero contenido en medicamentos de dos marcas distintas. Uno es el “medicamento de prueba”, proporcionado por el patrocinador. Otro es el “medicamento de referencia”, que ya está en el mercado. Por cierto, el fármaco a estudiar en las personas que estamos reunidas frente a las mesas es un antiinflamatorio llamado ketaprofeno. El nombre del experimento es: “Estudio de bioequivalencia entre dos medicamentos para administración oral de ketaprofeno en sólidos orales de liberación modificada a una dosis de 150 mg en voluntarios sanos”.

El Comité de Ética Aretè figura en todas las páginas del consentimiento, así sea en sus orillas, a manera de sello. Según su página de internet (comiteeticaarete.org), se trata de “(un) consejo de consultores independientes (…) facultado para la evaluación independiente, competente y oportuna del diseño metodológico y de los aspectos éticos de estudios de investigación conducidos por investigadores asociados a Aretè y por investigadores externos”.

Aunque nada de lo anterior parece preocuparle a la concurrencia. Con el doble esfuerzo de leer el consentimiento completo y hacer algunas pausas para otear el comportamiento colectivo, descubro que muy pocos voluntarios, apenas tres o cuatro, son quienes miran, detenidamente, sus documentos. Entre los demás impera la abulia: cero preguntas, cero críticas.

El acto protocolario, por llamarlo de algún modo, se acerca a su fin. Ahora hay que autografiar las nueve páginas. Hecho esto, solo resta la actuación de los testigos. Todo consentimiento precisa las rúbricas de dos personas, así que cada uno le entrega su documento, para ser firmado, a la persona sentada a su derecha, y luego procede igual con la que está a la izquierda. No importa que jamás nos hayamos visto previamente. Todos seremos testigos de todos. Aunque entre la gente reunida también hay vecinos, familiares o parejas.

Lunes de 5 pm a 10 pm

Acabado el papeleo, que ya no se repetirá en la segunda etapa, se procede al primer internamiento. El personal de la compañía revisa minuciosamente y va a la caza de objetos prohibidos, las maletas, mochilas, morrales, bolsas y similares, que de cualquier forma no pueden acceder, así que se quedan en casilleros. Ya sin nombre propio, hay que acostumbrarse a ser llamado por el número que a uno le asignan, como en las cárceles.

Durante esta ordalía será indispensable portar una especie de pijama azul, prestada, junto a otros insumos que sí son obsequio: jabón y champú en presentaciones diminutas, idénticas a las de los hoteles. ¿Y las ropas que cada uno vestía? También se quedan en los casilleros. Material de lectura, así como gadgets, pueden subirse a los dormitorios, aunque Cecyc Pharma no asume responsabilidad alguna sobre objetos extraviados, robados u olvidados en sus instalaciones. Asimismo, facilita una toalla y un cobertor tan delgado, que más bien parece sábana.

Tras tomar una nueva muestra de orina, llega la cena. Su inocuidad importa por encima de todo. ¿Será parte del experimento, aunque su consistencia y sabor no denoten nada extraño? Al respecto, muy quedito, platican dos voluntarios (al parecer uno ha venido a varios estudios, mientras el otro es, como yo, un novato): “Vas a tener que estar checando a cada rato tu cagada, mientras estés aquí y varios días después. No importa que te dé un buen de asco: huélela y, si puedes, pellízcala. Solo así estarás seguro de que no tienes algo malo en la panza”.

Ingerir alimentos no es obligatorio, pero los empleados de Cecyc Pharma advierten que se acercan muchas extracciones de sangre, así que el cuerpo necesita energía y nutrientes para no debilitarse. Ni se te ocurra provocarte el vómito. Aquí los tiempos están bien delimitados y durante una hora después de cada ingesta —dos desayunos, una comida y dos cenas— habrá que pedir permiso para ir al baño, el cual se concederá, únicamente, si te acompaña un empleado, que se apostará en la puerta, con la oreja pegada a ella. Este patrón se repetirá en el segundo internamiento.

Quedan dos horas libres antes de dormir. Ya se han asignado literas en los dormitorios tanto de hombres como de mujeres (ambos se hallan en el segundo nivel del edificio). Una opción es matar el tiempo en la sala de recreación, ubicada en el primer nivel, y que consta de sillones reclinables, pantalla y reproductor de Blu-ray / DVD. Una industria multimillonaria como la farmacéutica, de la cual forma parte Cecyc Pharma, les exhibe películas piratas a sus voluntarios.

“¡Hora de acostarse, todos a sus dormitorios!”, ordena otra enfermera 120 minutos después. Obedecerla no es opcional.

Lunes 10 pm a martes 5 am

En la página cuatro del consentimiento hay un párrafo donde se estipula que “(el voluntario) es completamente libre de abandonar el estudio en cualquier momento sin dar ninguna razón”. Faltó aclarar que en horas hábiles. Según un voluntario veterano, que ha participado varias veces en pruebas, de noche es imposible hacerlo, pues solo hay personal de vigilancia y un médico de guardia. Así, en esta sensación de encierro, es cuando más fuerza toma la comparación entre animales de laboratorio y seres humanos. Para un novato, la primera noche de internamiento es, por mucho, la peor. Y faltan tres.

Esta aventura no es recomendable para quien suele pernoctar en habitación propia, sin la necesidad de compartir cama con quien no se quiera compartirla. Los dormitorios, tanto los masculinos como los femeninos, se parecen más bien a una barraca de cuartel militar. A este insomne cronista le toca una litera de abajo. Quien duerme en la de arriba, según huele, tiene problemas gastrointestinales crónicos o la cena le cayó como bomba. Sus flatulencias son tan apestosas que traspasan las colchonetas que cubren estos fierros. Ha dejado corto al tipo que duerme al lado, cuyos pies y zapatos parecían imbatibles en una primera lastimosa olfateada.

La fetidez no dura mucho y se va conforme la nariz se acostumbra. Ayuda dormir, o intentar hacerlo, boca abajo, una vez vencido el asco de poner la cara en donde incontables personas han puesto las suyas.

Cuando súbitamente encienden las muchas luces del dormitorio, queda claro que el insomnio ya no se fue. Todo se vuelve blanquecino por un instante. Solo se distingue una voz estentórea según la cual debemos pararnos e ir, de inmediato, a las regaderas.

Ilustración: Richard Zela

Martes 5 am a 11 am

Todavía modorras y modorros debemos aguardar turnos afuera de las duchas. No hay suficientes para toda la concurrencia simultáneamente. En la fila abundan los rostros pesarosos por la falta de sueño. El voluntario veterano me dice que el agua caliente se puede acabar pronto, por lo tanto, se debe consumir poca.

Tan pronto el cuerpo se reanima por el regaderazo, hay que dirigirse a una nueva toma de signos vitales y a la primera extracción de sangre durante el internamiento.

¿Cuántas habrá en esta primera etapa? Contando la recién mencionada, un total de 17. Sí, ¡17 piquetes! ¿Qué brazo puede aguantar ese castigo? A cada voluntario le colocan un catéter: especie de tubito con punzón que se inserta en la vena, permitiendo luego introducir agujas para llenar con plasma lo que sea necesario y las veces que sean necesarias, sin lastimar (mucho) a nadie. Cada muestra será extraída en el siguiente horario: 7:30, 8:23, 8:38, 8:53, 9:08, 9:23, 9:38, 9:53, 10:08, 10:38, 11:08, 11:38, 12:08, 14:08,16:08, 20:08 y 8:08. En la segunda etapa todo será igual, lo que arroja un acumulado de 34 succiones a cambio de 2,500 pesos.

Volviendo al estudio, su meollo se alcanza a las 8:08, con la toma del ketaprofeno. Arranca entonces el periodo más intenso, con 10 extracciones en apenas tres horas, tiempo a lo largo del cual quedan vetadas las siestas y las idas al baño sin escoltas (no sea que alguien quiera provocarse el vómito). Dentro de la sala de muestras, cada voluntario ha de permanecer exclusivamente en su asiento.

El trabajador primordial, ahora, es el flebotomista o “sangrador”. Hombres y mujeres con rigurosos uniformes blancos, provistos de guantes, cubrebocas y gruesos anteojos de seguridad, cuya labor es sustraerte lo que confirmará o refutará la biodisponibilidad.

Labor metódica en tiempos y procedimientos, inicia con la “purga”, que es una denominación coloquial para la apertura del catéter mediante una pequeña extracción (de dos mililitros aproximadamente). Una vez abierto, se desechan jeringa y aguja por separado, poniendo cada cosa en un contenedor especial. Junto a cada voluntario hay un pequeño gabinete con los ítems del flebotomista y los contenedores.

Los flebotomianos me recuerdan algunas películas western, en donde salían pistoleros capaces de portar, desenfundar y disparar un par de armas a la vez. Están sentados en bancos que se colocan entre dos voluntarios. Cuando alguien les ordena que se preparen para las extracciones, se convierten en seres ambidiestros. En cada mano portan una “campana” con punta desechable, la cual insertan en el catéter. Al grito de “¡tomen sus muestras!”, meten los tubos recolectores cual si fuesen “badajos”. Al llenarse cada uno con los seis mililitros requeridos, es desacoplado y, como parte del procedimiento, agitado con cautela, dejándolo en el gabinete más próximo, a la espera de que otro empleado venga por él. Para impedir que la sangre se coagule, los tubos contienen heparina sódica.

Enseguida de las muestras, se le inyecta una sustancia al catéter con la idea de prevenir su taponamiento. Igual que antes, la dupla jeringa-aguja no será tan inseparable como parece y concluirá su efímera vida útil en los contenedores respectivos. Sí, la industria farmacéutica es muy contaminante. Con tal de sangrar a todo el voluntariado que participa en el estudio, se producirá una enorme cantidad de metal y plástico a desechar. Cantidad que, sumada a la de hospitales y otros centros de investigación, ocupará mano de obra especializada y mucha energía para su destrucción, ya que no se debe procesar igual que los detritos comunes.

Tal vez ahora te preguntes si los organismos de todos los voluntarios funcionan igual, permitiendo que sus venas puedan drenarse con la sincronía establecida por Cecyc Pharma. La respuesta es no. Quizás alguien tuvo frío, lo cual afectó su circulación y tapó, en consecuencia, el catéter. Para librar el escollo, el o la “culpable” deberá apechugar un guante de látex relleno con agua tan caliente que casi quema. Tendrá que soportar los mitones que sean necesarios, además de enrollarse el cobertor facilitado por la empresa, y que de poco sirvió la noche anterior. Este calentamiento no cesará hasta que la sangre vuelva a manar con la abundancia solicitada. Si esto no funciona, según el participante veterano, el flebotomista tomará otra jeringa y pinchará directamente alguna otra vena del voluntario hasta obtener el plasma requerido.

Martes de 11 am a 4 pm

Pasado el desayuno —que por su hora, en realidad, pareció almuerzo— los participantes se relajan. Los plazos entre muestras son ampliados, lo que permite hacer mucho más que, simplemente, permanecer en la sala respectiva. Una vez que te acostumbras a lo nauseabundo que puede llegar a ser el dormitorio, hasta es posible aventarte una buena siesta. Algunos deciden leer —los menos—, mientras otros —la mayoría— juegan en sus gadgets. Alguien saca un ajedrez, pero como no encuentra rival entre los demás voluntarios, acepta el reto de un sangrador.

Los hombres pueden entrar al dormitorio de las mujeres y viceversa. Hay dos parejas que se besan en las literas femeninas, cuyo espacio es bastante más apacible.

Martes 4 pm a miércoles 9 am

Entre la comida y la cena no hay nada digno de contar. El ambiente se torna aún más desenfadado. En el dormitorio femenino parece haber una fiesta. Alguien pone música en su laptop y las demás cantan. Otras mujeres deciden aprovechar el tiempo en elaborar manualidades que luego venderán en sus barrios de origen, los cuales poco o nada tienen que ver con la colonia Del Valle.

En el lado masculino, la atmósfera es menos alegre. Aquella primera noche pasó factura. Nada evita, sin embargo, que cada uno se refocile individualmente. Incluso hay quien logró meter golosinas de contrabando en una computadora portátil completamente hueca y las comparte con quien le pida.

En la noche todos logramos dormir como troncos. A la hora de hacer fila para la segunda ducha hay sonrisasº

El primer egreso

Antes del primer egreso hay que devolver las ropas prestadas —toalla, cobertor y pijama— para que la empresa, en correspondencia, nos regrese las que había conservado en sus casilleros. Sería inexacto decir que todavía falta una semana para que el círculo se cierre por completo, sabiendo que habrá muchas almas gustosas de volver a cuantos estudios las inviten, siempre al acecho de un dinero que, en realidad, dista de ser fácil. Hay gente que ha decidido convertir el círculo en espiral. Eso sí, entre experimento y experimento debes dejar transcurrir un plazo mínimo de tres meses, según la legislación mexicana.

Se vuelven a tomar los signos vitales, se deja una posterior muestra de sangre y, tan pronto Cecyc Pharma corrobora las buenas condiciones de cada voluntario, le permite salir tras la firma de otro papel. “Si sobrevivieron a esto, seguro nos veremos aquí dentro de ocho días”, bromea el empleado que dirige la fila rumbo a la caseta de vigilancia. A partir de ahí cada uno es libre de irse a donde quiera.

¿Y el catéter? Luego de cada internamiento y antes de salir a la calle te lo quitan. El detalle está en que mientras lo retiran vas a desear no haber venido. El dispositivo fue asegurado con cintas adhesivas y despegarlas implica una depilación dolorosa, no importa si es lenta o de un tirón. ¿Aún quieres ser voluntario remunerado?