Sábado en Coachella

El relato de un chilango sacrificado en Indio

El sábado 20 de abril fue caluroso (y muy polvoroso) en Coachella, sin embargo pudimos echarle el ojo y el oído a bandotas que hicieron que los numerosos asistentes (más que los del viernes) se prendieran.

HOT CHIP – 7:30

No hubo momento en el que pudiéramos estar estáticos. Ni ellos ni nosotros, pues incluso en algunas rolas más calmadas, la atención estaba totalmente puesta en ellos, mientras movíamos la cabeza o los pies, aunque sea tantito.

La de Hot Chip será recordada como una de las mejores presentaciones de esta edición del festival debido a su gran energía (palabra que bien podría resumir la totalidad de este sábado). Desde temas que han sido un éxito general, hasta aquellos que sólo los fans más clavados se saben de memoria, Hot Chip cumplió, y bien, con la cita. Sin duda, éste es un grupo que vale la pena escuchar en vivo, con suficiente espacio para bailar.

FRANZ FERDINAND – 10:15

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Franz Ferdinand (Getty Images)

Un poco lejos del escenario principal, estos escoceses destacaron de todas las demás bandas del festival por razones que podrían parecer simples, pero no lo son: su energía, alegría y gran interacción con la gente. Prácticamente entre cada canción, Alex preguntaba o decía algo al público que no paraba de gritar.

Otra cosa que me gustó de su actuación es la interacción que tienen entre ellos, la cual llegó a tal punto que en un momento de la noche todos los integrantes de la banda se pusieron a tocar la batería al mismo tiempo provocando unos ritmos sorpresivamente demasiado deliciosos como para no ponerse a bailar. Aunque acabamos sudando (ellos y nosotros), se demostró el compromiso que Franz Ferdinand tienen con sus fans.

Además de bailar y corear las canciones como locos, los asistentes pudimos incluso oír un cover de I Feel Love de Donna Summers así, casual y de la nada, pero a todos nos gustó mucho. El setlist fue de por sí casi perfecto, con éxitos y temas sólo para fans por igual. Y la sonrisa que jamás desapareció de la cara de los integrantes de la banda.

SIGUR RÓS – 11:55

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Sigur Ros (Getty Images)

Como toda una experiencia sensorial podría calificar el haber escuchado a esta banda de Islandia. Al ser mi primera vez, no sabía qué esperar. Los acordes comenzaron, el escenario de oscureció, y raras imágenes comenzaron a proyectarse. Algunas sin razón aparente, y otras eran tomas de la banda en el escenario con close-ups en zonas nada ortodoxas como las manos de los intérpretes. Movimientos de cámara lentos, colores tranquilos, cortes difuminados.

Los olores que circulaban, los acordes etéreos y la iluminación se complementaron muy bien para crear toda la experiencia. Quién sabe qué era lo que decían las canciones, pero esto demuestra que el idioma no es barrera para apreciar nada. En algunos momentos la banda se prendía más y el público con ellos, pero en otros lo único que querías era tumbarte en el piso a mirar las estrellas mientras escuchabas a Sigur Rós. A pesar del sueño y el cansancio, la banda logró tenernos prendidos de sus notas todo el tiempo.