Natalia Lafourcade en el Metropólitan: para llorar a moco tendido

Anoche, Natalia Lafourcade probó ser la Adele mexicana. Y no sólo por el gran alcance de su voz, sino por su facilidad para sanar corazones rotos.

Natalia Lafourcade ofreció en el Metropólitan, ante más de tres mil personas, el primero de cinco conciertos (foto: Notimex)

En la primera de las cinco presentaciones que dará en el Teatro Metropólitan, la veracruzana no sólo se aventó su álbum de 2015 “Hasta la raíz” casi completo, con canciones como “Antes de huir”, “Lo que construimos”, “Ya no te puedo querer” o “Nunca es suficiente”, sino que dio un viaje hasta el inicio de su carrera y lo hizo por casi dos horas y media.

Antes de que empezara el concierto, a las 20:43 horas, un público conformado en su mayoría por mujeres –podías ver a las amigas que iban en grupo, de la manita y todo- o parejitas ya se aglutinaba en el lobby del Metropólitan. Algunas chicas llevaban flores de papel en el cabello y cuando les preguntamos a qué se debía el “decorado”, nos contestaron: “somos mujeres divinas”. Así que Natalia, si lees esto, ya tienes una nueva forma de llamar a tus fans.

“Vámonos, negrito” fue el tema encargado de abrir la noche y presentar a una Lafourcade con blusa sin mangas y pantalón holgado negro, seis músicos en escena que después se convirtieron en ocho, y un escenario sencillo que permitía apreciar cada movimiento de los ejecutantes a través del cambio de luces.

Hay que reconocer que la también compositora ha logrado acercar a nuevas generaciones a sonidos como el huapango, son, trova, bossa nova, bolero y hasta jazz; mezclas musicales que acompañan su sonido actual y que los asistentes corearon con todo el feeling del mundo. También se agradece que sus ya sonados homenajes a Agustín Lara, con “Amor, amor de mis amores” y “Aventurera”, hayan rescatado al cantautor del olvido en que se encontraba por los jóvenes.

Algo curioso es que antes la gente decía que Lafourcade era “muy fresa” o “pop” y que hasta ahora creció musicalmente. Sin embargo, la canción más coreada de la noche y con la que el público se levantó a bailar fue “En el 2000”. Así es. Incluso parece que Gael García no ha pasado de moda porque el verso de la rola donde lo mencionan fue el que los asistentes cantaron con mayor ahínco. Lo mismo sucedió con “Amarte duele” y “Casa”.  Como ella misma admitió al bromear en un momento del concierto –“les juro que sí hay otras cosas que me inspiran además del desamor”–, Lafourcade se ha convertido en un símbolo de las relaciones fallidas, los amores imposibles y demás tragedias del corazón. Incluso cuando tocó el éxito “Bonita”, contó la anécdota de cómo surgió el tema de una forma que vale la pena rescatar: “Está basada en una señorita que me arrebató al novio. Pero las cosas pasan por algo y ahora soy muy feliz. Por eso ella es bonita, no yo. Fue como una forma sutil de decir: chinga tu madre”.

No pudo faltar su cóver a “Ya no vivo por vivir” de Juan Gabriel y la presentación de lo que será “Musas”, su próxima producción, acompañada de los guitarristas “Los Macorinos”, quienes la acompañaron para tocar su nuevo tema “Tú sí sabes quererme” y así cerrar una velada llena de melancolía y que, como nos dijo una asistente a la salida del teatro, “me sirvió para al fin decirle adiós a ese maldito que me dio en la madre”.