Un chilango en Monterrey – X

Que empiece el duelo.

Niñita-regia-bien

La revista ordena: «Reportea cómo ligan». Junto al lacustre
Paseo Santa Lucía, Humberto, punk de 18 años cara de malo, dice «Agüevo» cuando
le pido técnicas de ligue regias, y se arranca: «Yo miento: digo lo que no
tengo y lo que no soy».

-¿Caen?

-Agüevo. ¿Soy carita? No. Y he tenido un chingo de viejas.
Como trabajo en audio del Teatro de la Ciudad invento que fui DJ en Europa.
Puro pedo, no salgo del barrio.

-¿Y ellas te ligan?

-Llamo la atención: vato malo. Pura finta pero caen de
volada.

Me acerco a unas chicas. En sus 20, progres del Tec, se
doran con el sol sabatino.

-Ser regio es una actitud: tengo mi vieja, mi cheve, ceno en
Chili’s y ¡con madre, ya chingué! -dice Mariana posando como vaquero.

-Y soy rayado -agrega Margarita-. Típico
regio-pendejo-puñetas de "ay quedamos, reinita". Todos odian a los chilangos
por hocicones y egocéntricos, pero hablan al chile.

-Para el regio eres nenita-regia-bien que se da a desear con
el «que él me hable», o puta -se queja Mariana-. Yo les hablo. Si jotea, bate.

Cuando me despido, Margarita pregunta: «¿De dónde eres?».
«De Allende», le digo, afianzado en mi chaqueta serrana.