Un chilango en Monterrey – VIII

Que empiece el duelo.

Anímate, chilango

Ningún guardia de cadenas doradas me cuestiona. Cover mata
chilango.

Sacos negros y gorras de beis, La Fievre toca cumbia texana
con la gente en la barra esperando su Tecate Light. ¿No quieres? Pues también
hay Tecate Light. «Dame pues una Tecate Light». Vaqueros y potranquitas unen
sus pelvis, manos en la cintura, vuelta y mirada ávida, Tecate y otra vez.

Varias chicas solas miran melancólicas la pista. Rodolfo no
baila pero alienta: «Anímate, chilango». Lo medito (los chilangos no bailamos
norteño sin sombrero y botas) pero justo un gordito bonachón con vientre
cultivado a Tecate entera grita sobre este escenario del Viejo Oeste:  «Echen un grito».

-Ajúaaa -grita la multitud

-¿Y el grito de las solteritas?

-Ajúaaa -gritan ellas.

-Felicidades raza por el triunfo de Rayados. Ojalay, si
Diosito quiere raza, recibamos alegres 2010. Y a las solteritas ¿nadie les hace
nada? -grita-. Ya llegará el día.

Pero ellas ni lo pelan porque al lado, en la plancha de
arena, hay rodeo. Quiero oler estiércol de toros, oír sus bufidos, eludir sus
cuernos y robarme a una vaquera. Pero cuando voy a gritar "ajúa", cuatro
payasos salen a rezar y ahora hacen de strippers, suben la valla y Piloso
-gorro de Santa Claus- sacude ante mi nariz sus prótesis de nalgas bailando a
Daddy Yankee.

Y ahora inicia un partido de fut. El balón: la vaquilla, que
correteada por los equipos entra a dos porterías. La multitud grita "gol"
carcajeándose ante la cría.

Piloso exclama: «Necesito unas valientes y bonitas», y ocho
damitas se apuntan. Los payasos le empinan dos chelas de hidalgo a cada dueto,
les dan 10 vueltas, les piden subirse una a otra de caballito y correr. Por las
nalgas, los payasos las empujan y las tumban. Se levantan, y otra vez manoseo y
caída.

El rodeo concluye. Ya quiero dormir.