¡Terror godínez!

Situaciones que hacen que se te caiga el gafete del miedo

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Quizá a la distancia, la vida del godínez parezca un modelo muy armónico. Y es que imaginar la vida entre cubículos, sillas con rueditas y reportes engargolados puede parecer muy simple y rutinaria. Pero, no. Por supuesto que no. La vida godinezca es más que eso.

Estos individuos de traje sastre, lentes de aumento ‘modernos’, corbata de Looney Tunes y zapato boleado también tienen alma, como el resto de la humanidad. Aunque usted no lo crea, son seres vivos (por fuera) que día a día sufren, luchan y lloran.

Las emociones fuertes están presentes en las actividades diarias del oficinista moderno. Desde correr para alcanzar el metro hasta archivar papeles como si no hubiera un mañana. Por eso, recopilamos esos momentos que hacen que el godínez entre en pánico, suelte su café y tire el gafete. 

– Llegar tarde a junta. Abrir la puerta sigilosamente, intentar pasar desapercibido y ser víctima de un glorioso: ‘Buenas noches, Martínez’.

– Que el de sistemas no te responda. Y tu computadora se haya trabado en alguna página indebida. Otra vez. Ahora ya no podrás argumentar que fue un virus.

– Que te regañe tu jefe. Hasta los botones de la camisa se desabrochan cuando esto sucede.

– Que la máquina para sacar copias se descomponga. Por tu culpa. Otra vez.

– Que tu jefe se meta al cubículo de junto en el baño. Y tú sudando frío porque esas enchiladas te cayeron mal y quieren armar su concierto de despedida.

– Que te cachen flojeando. Otra vez.

– Pasar el día sin probar café. 2 de cada 3 godínez no pueden sobrevivir sin cafeína. Es un hecho (no) científico.

– Olvidaste el dinero de la tanda. Y Martita ya no te va a fiar, que porque no pagas. 

– Olvidar el gafete. Y tener que sufrir la tediosa actividad de esperar a que alguien pase cerca para tener acceso en el edificio.

– Tu jefe te agregó a Facebook. Y tu criticándolo cual Pati Chapoy.

– Ya te gastaste la quincena. Y apenas te pagaron la semana pasada.

– Llegaste tarde al comedor y ya no te tocó comida. Además, los tacos de canasta ya se fueron. 

– Se acabaron las grapas y debes entregar reporte. Y no encuentras clips por ningún lado. 

– El Outlook se saturó. Y tu jefe te preguntó, ¿ya revisaste el mail que te mandé?, necesito tu respuesta para la junta de hoy.

– Llegaste tarde por tercera vez. En la misma semana. Por cuarta vez consecutiva.

– Hay recorte de personal. Y eres culpable del punto anterior.

– Se rompió tu taza de café. Esa que te calificaba como ‘Empleado del Año 1998’. Esos eran los días, campeón.

– Tu crush de la oficina renunció. Ahora jamás podrás acariciar ese traje sastre a la medida.

– Olvidaste traer tu tupper. No requiere explicación.

– No planchaste tu traje sastre. Serás el hazmereír del cubículo.