serotonina
Redacción

1 de octubre 2010

Serotonina

Con información de: Redacción

¿Estás deprimido? Para saberlo, haz memoria: ¿qué tanto duermes? Si respondes «muchísimo, demasiado», podrías estar deprimido; lo mismo si dices «muy poco». Pasa igual con la alimentación: podrías tener ausencia de apetito o hambre voraz. Mírate al espejo: ¿has subido de talla, estás más delgado? Cualquiera de estos cambios es síntoma de depresión. ¿Te sientes más ansioso o más lento? Misma cosa. Una de las dificultades de la depresión es que cada persona reacciona a ella de formas distintas. Pero hay varios síntomas que se repiten casi siempre: debilidad física, sentimiento de culpa o inutilidad, disminución de la capacidad intelectual. Mientras más agudos, mayor la probabilidad de que tu tristeza sea depresión. Sin embargo, hasta aquí, lo que tienes se llama distimia, y es un padecimiento menor. Pero hay dos cosas que pueden indicar que tu depresión es seria: si llevas más de seis meses con profunda e inexplicable tristeza, y si perdiste la capacidad de sentir placer o el interés en actividades que antes disfrutabas, es altamente probable que sí estés deprimido. Última cosa: si tienes constantes ideas suicidas, estarás prácticamente diagnosticado.

Cada año, 850 mil personas en México compran 86 millones de pastillas para tratar la depresión y la ansiedad. En los últimos cuatro años, la venta de estos medicamentos ha crecido más de 12%. Para muchos, son sólo «drogas legales de entretenimiento».
«No existe una prueba de laboratorio capaz de diagnosticar la depresión», asegura Rosa Niesvizky, psiquiatra. El diagnóstico surge de un interrogatorio al paciente, y de su historial. Sin embargo, lo que ocurre en el cerebro sí es químico. ¿Recuerdas los síntomas de los que ya hablamos? El sueño, el hambre, el apetito sexual, el miedo, la agresión, la ansiedad, son controlados por un neurotransmisor llamado serotonina. Los antidepresivos controlan los niveles de serotonina en tu cuerpo. Entre ellos están la fluoxetina (del Prozac), la paroxetina (del Paxil) y otros (algunos incluyen efectos adversos para el organismo; por ejemplo, los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), familia de antidepresivos de la primera generación que se creó en 1959, prohíben que el paciente coma quesos, embutidos, vinos, y, mal administrados, pueden resultar peligrosos para la salud).
850 mil personas padecen depresión diagnosticada (dos mujeres por cada hombre) en México.
La historia es distinta con los ansiolíticos. Estos medicamentos no regulan la serotonina, sino que deprimen el sistema nervioso central, lo relajan. Diazepam, Lorazepam y Clonazepam (el nombre comercial de este último te sonará conocido: Rivotril) se recetan igual para la ansiedad que para ataques epilépticos; estos medicamentos generan adicción, y se venden con rigurosa receta médica. Por lo mismo, han desatado en el mundo médico un fenómeno que la Dra. Niesvizky refiere: «sé de médicos que sin ninguna ética venden recetas a gente que no necesariamente requiere de los medicamentos. No los justifico, pero sé que para muchos de ellos es difícil vivir sólo de ejercer la medicina». La adicción es, al menos, cuestionable en los antidepresivos; en los ansiolíticos es clara. Según Gerardo González Torres, coordinador médico de Monte Fénix, institución especializada en rehabilitación de adicciones, «los ansiolíticos como Rivotril, Valium o Tafil, no son malos bajo prescripción médica. Pero generan tolerancia. El paciente empieza a necesitar más y aumenta la dosis por decisión propia. Terminan consumiendo más de lo que se prescribe y lo combinan con otras sustancias.» En la entidad que González coordina el tratamiento completo cuesta unos 140 mil pesos. En muchos casos, y dependiendo del tipo de trastorno, ansiolíticos y antidepresivos se recetan como complemento: el ansiolítico para tratar las crisis, el antidepresivo como salida suave en la etapa media y final del tratamiento. Pero el cuerpo paga factura: los antidepresivos tienen efectos secundarios como náuseas, dolor de cabeza, insomnio, temblor, baja de la libido, y uno más: ansiedad. A su vez, los efectos secundarios de ansiolíticos como el Rivotril son alteración en la conducta, somnolencia, dificultad en la coordinación motriz, y otro, el más común: depresión.

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