Ya les habíamos hablado de varias cosas que las hacen enojar
y, ahora, con mucho orgullo, pena, y miedo a los comentarios, enlistaremos aquellos detalles
que las hacen arderse. (Ja, ahora
sí hablo en plural, para que toda la ira no caiga sólo sobre mí).

Hay notables diferencias entre enojarse y arderse: el enojo puede llevar a silencios
horribles y acciones pasivo-agresivas de las que nadie quiere ser
víctima; el arderse lleva a una
respuesta más inmediata
–ira, golpes, tartamudeo, nerviosismo– con la que sabrás en ese instante que alguien se ardió.

Con las mujeres pasa: una destrucción lenta y
sistemática de todo lo que eres y amas viene con un enojo y
una cachetada viene de
ardida.

Repito, no hago esto como Dr. Corazón, sino como alguien que
namás no sabe cuando callarse.

Tsssssssssssiguiente (sí, ya lo había usado en el del manual
de ardido ¡y qué!)