El chilango que competirá por un Oscar contra él mismo

Platicamos con el fotógrafo Rodrigo Prieto

Elizabeth Beristain
Ha trabajado con Ang Lee (Brokeback Mountain), González Iñárritu (Amores Perros), Cuarón (Sólo con tu pareja) y Scorsese (El Lobo de Wall Street). El Chivo Lubezki afirma que es el mejor cinefotógrafo vivo en la actualidad. Y, por si fuera poco, dos de las películas que estrenará en diciembre son candidatas indiscutibles para el Oscar.
 
Platicamos con Rodrigo Prieto sobre lo que puede ser el cuarto Oscar consecutivo en fotografía para México y sobre el orgullo de ser chilango.
 
¿Eres consciente de que este año es posible que compitas contigo mismo por el Oscar en Fotografía por tu trabajo en Passengers y Silence? 
¡Qué chistoso! Es gracioso. A veces así coinciden las cosas y no sé si es para bien o para mal. Es emocionante que salgan unas películas tan distintas que yo fotografié al mismo tiempo. Ya me ha pasado antes. A la hora de los premios, quizá pueda hasta resultar en mi contra en el sentido de que se cancelen entre sí: que quieran apoyarme con algo y voten por una, pero entonces no tienen los votos. Eso ya será el destino, está fuera de mis manos, así que prefiero no preocuparme.
 
¿Qué tienen los mexicanos con el cine que les va tan bien? ¿O es una generación?
Es una generación. Mucho es inspiración de lo que están haciendo otros. Pareciera un movimiento o algo pero, mi caso en particular, que es de lo único que puedo hablar, desde mi experiencia, el hecho de que muchos otros fotógrafos mexicanos hayan salido internacionalmente y hayan hecho muy buenos trabajos como Guillermo Navarro, Gabriel Beristain, Xavier Pérez Grobet, Lubezki y muchos otros fue una inspiración. Eso me inspiró a mí a decir “lo voy a intentar también” y, de esa misma manera, seguramente, otros fotógrafos ven que no son solamente los norteamericanos, los europeos, los iraníes, los que pueden hacer gran cine. La nacionalidad o incluso la economía no necesariamente son factores limitantes. Si realmente tienes la intención, las ganas y buenos proyectos e ideas, vas a salir adelante. Eso es lo que me pasó, en el sentido de mi generación de directores de fotografía, que a mí me inspiraron otros antes que yo. Ojalá que eso continúe en las siguientes generaciones.

¿Fue posible innovar en una película de Ciencia Ficción como Passengers?
La improvisación no es fácil. Tienes que estar muy preparado. Desde el diseño de las escenografías tuve que participar en las fuentes de luz y cómo hacerlas, dónde ponerlas, porque muchos de los sets están cerrados. Entonces la iluminación tenía que emanar de la escenografía o por lo menos ese era el concepto en gran parte. Fue un proceso largo. Donde ahí se podría decir improvisación es ya a la hora de ensayar con los actores: encontrar la escena y había algunas ocasiones en que la filmamos con cámara al hombro. Hicimos cosas donde se permitía un poco de libertad en la manera en que se filmaba, pero en cuanto a la iluminación sí tuve que planear muy cuidadosamente, también por el presupuesto. Tenía yo que saber exactamente qué era lo que iba a usar porque era muy caro. Pero sí, hice varias cosas que no había hecho antes, incluso la misma cámara que utilizamos es en formato grande. No estoy 100 por ciento seguro, pero creo que Passengers es la primera película en hacerse completa con esta cámara, con esta tecnología. Siendo una película ambientada 600 años en el futuro, todo dentro de una nave espacial de lujo, donde van pasajeros y hay comodidades, yo pensaba: “El aire tiene que ser muy limpio”. En mucha fotografía que he hecho he utilizado el grano del negativo del cine para dar sensaciones y en esto me fui al otro lado totalmente. 

Filmaste el futuro con Passengers, pero al mismo tiempo el pasado con Silence. ¿Cómo te sentiste con dos proyectos tan ambiciosos a la vez?
Justo antes de Passengers filmé Silence, que dirigió (Martin) Scorsese. Esa película transcurre en el siglo XVII y es sobre unos padres jesuitas portugueses que van a Japón. También por eso me atrajo mucho hacer Passengers, independientemente de que es un género que me gusta mucho la ciencia ficción. Siempre me ha gustado la variedad de proyectos para mí en mi carrera, entonces busco cosas que son diferentes entre sí. Cuando estaba filmando Silence en Taiwán – aunque la película transcurre en Japón -, recibí la llamada de Morten Tyldum para este proyecto, para Passengers, y para mí fue muy emocionante porque era perfecto, justo un género que me gusta y algo que sea tan distinto a lo que acababa de hacer, todo era locaciones en la de Silence, el campo, la luz natural, es realmente muy distinto el trabajo fotográfico en una y en otra.

Filmé Silence en negativo de cine, como 90 por ciento, hice algo de digital, lentes anamórficos, muy diferentes. Entonces el estilo es radicalmente diferente y el tema también porque es algo que siempre trato además, que la fotografía se acople al proyecto, a la historia y a las emociones que estás tratando de transmitir, y es por eso que a cada película me aproximo muy distinto, como empezando de cero básicamente.

Llevas 17 años en Los Ángeles, ¿por qué sigues siendo chilango, más que cualquier otra cosa?
¡Definitivamente soy chilango! Con mi madre curiosamente no viajamos mucho por Estados Unidos, pero sí veníamos a Los Ángeles porque ella tenía un hermano que vivía aquí, entonces veníamos a visitar a mi tío, Sidney. Mi padre también era mexicano, pero pasó una buena parte de su infancia en EU, entonces para él, por ejemplo, hablar en inglés le era muy natural. En mi casa estaba esta cosa bicultural que me era muy natural y así crecí, pero obviamente la influencia más grande en mi vida eran mis amigos, mi entorno, mi ciudad y entonces eso está activísimo en mi sangre. Es una cosa curiosa que, por supuesto, mis hijas no tienen y, de hecho, batallan con ello un poco, no tienen como una raíz tan clavada ni allá ni acá. Vinieron cuando tenían cinco y seis años, por lo que son más americanas porque han vivido más aquí, pero en la casa siempre hablamos en español. Para ellas es un poco más confuso, pero para mí pues sí, crecí allá y hasta los 34 años viví en México. Hice mi carrera ahí, me enamoré de mi novia, me casé con ella, tuve a mis hijas, o sea, toda mi experiencia de raíz es la Ciudad de México y eso no se pierde, eso se queda siempre. Chilango siempre.

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