El amoroso (Segunda parte)

Él se define como romántico...

Sergio Andrade

 

Sonatas de Beethoven

Andrade duerme cinco horas al día, ve películas en TV, aloja en su casa a su madre enferma de 87 años, camina en su fraccionamiento, desayuna tarde, come ligero y cena platillos abundantes que él prepara («mi spaguetti a la bolognesa realmente vale la pena»). Por las tardes, con su esposa guerrerense y sus hijas va al cine y al centro de Cuernavaca. Oye poca música («para no contaminarme») y si lo hace elige a Bach y Brahms. Hoy relee En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

-¿Y si su proyecto musical fracasa?

-Es curioso cómo se habla de fracaso en términos mediáticos o de ventas. Sin comparar -no se entienda como megalomanía-, ¿la pintura de Van Gogh fue un fracaso?, ¿la escultura de Miguel Ángel?, ¿las últimas sonatas de Beethoven? A los 28 años yo escuchaba “Te prometo”, de Lucerito, y bromeaba con los músicos: «¿oyen monedas caer?» Ahora, este CD es un gran triunfo. Lo que venga es ganancia.

-¿No es insoportable para el Rey Midas ser una persona normal?

-¿Quién ha dicho que soy normal? -se carcajea-. No es muy normal pararse a las 4:30 am con una frase musical y escribirla. ¿Es normal que el Quijote a sus 50 años suba a un caballo y siga una locura? Todos en un momento de nuestra vida perseguimos esos molinos y batallas y salimos trasquilados. A mí ni me gusta eso de Rey Midas, pero usémoslo. Me ubiqué en una realidad, maduré un poquito y espero no mucho, porque es bonito no perder la capacidad de asombro y la inmadurez de la juventud.

-¿Ya sólo será recordado por “el caso”?

-Si en 50 años les funciona acordarse de aquél que con no sé cuántas mujeres, más acelerado que el Marqués de Bradomín, más terrible que Casanova, para no sentirse tan solos, despertar su imaginación, superar el ocio o el dolor, qué bueno. Si les funciona oír mis canciones románticas, qué bueno; si les funciona oír este CD, qué bueno. Habremos colaborado. No es tan dramático, ¿no?

-¿Lo reconocen en la calle?

-No todos los días pero voy al cine y a lo mejor la que vende palomitas me dice, «¿Es Sergio Andrade? ¿Me da un autógrafo?» Los que quedan son emisarios moralistas. Conozco sus vidas y digo, ¿dónde están las palabras de Jesús?: “no veas la paja en el ojo ajeno y dejes de ver la viga en el propio”. Soy su punching bag, se ejercitan golpeándome.

-¿Cómo maneja con sus hijas la información que lo pinta como un monstruo?

-Tengo una de 19 años y otra de 11. Han entendido qué pasa con los medios. La de 11, Antonia, fue con su mamá a la cárcel de Brasil, me visitó en el Cereso y le dije de broma, «no te me acostumbres mucho a las cárceles». He conseguido cierta estabilidad.

-¿Explica si preguntan?

-Por supuesto, y tampoco soy de hacer proselitismo ni de venderme…

-¿Les explica su atracción por la mujer?

-Sí, tomando en cuenta la edad. No tengo por qué ser especialmente meticuloso.

-Pero sí con franqueza…

-Sí. Lo único que podemos dar a los hijos es el sentido de lo auténtico. Me gustaría que me admiraran como padre, pero si para ellas soy una farsa no ocurriría.


 

Jojutla o Croacia

 Acaricia un cojín y lo estruja si una pregunta no le gusta y tras 90 minutos de plática lanza en calma un «esto va a ser un tratado». Andrade ya no piensa en producir artistas y en México, donde «musicalmente la situación es dramática», no ve desde hace 20 o 30 años «un verdadero productor» que pueda sucederlo. Del pop elogia a Natalia Lafourcade y sólo habla maravillado del viejo cantante de ranchero Alejandro Rivera “El Bohemio”.

-¿Vive días dificiles en lo económico?

-No, da para comer, pagar rentas, comprar instrumentos y ser feliz.

-¿De qué vive?

-Regalías -no como hace 25 años pero mis temas suenan y se graban-, anticipos de mis tres libros y actuaciones petit comité.

-¿Bodas?

-No -se ríe-, aún no llegamos a bautizos ni primeras comuniones.

-¿Centros de espectáculos?

-Mañana tocamos para un tío de un conocido de Coatzacoalcos (donde Andrade nació). Tiene una empresa de soldaduras y mucho dinero. Se casa su hija.

-Huesea…

-No es huesear. Me emociona iniciar una carrera. Me siento extraordinariamente joven haciendo una música diferente.

-Toca con su hija, ¿cómo se llevan?

-Bien, su sueño es dirigir cine. Soy un papa exigente y le gusta estudiar.

-¿Es celoso o da libertad?

-No puede uno vivir por lo hijos, ni que vivan lo de uno: no soy un controlador. Le digo «cuídate, evalúa, analiza, aprende un poquito de mi pasado». Le repito una frase de Pablo de Tarso: “todo nos es lícito, pero no todo nos es conveniente”.

-¿Acepta a su novio?

-Si el muchacho es bienintencionado, con gusto. Le digo: «no actúes  a ciegas, estás joven, conoce gente, anda por el mundo. (Tu pareja) puede ser de Jojutla pero también un croata». Y en drogas insisto: «tranquila».

 


Me ha negado

Boquitas Pintadas, su grupo femenil, ensayaba en 1985 en un auditorio de la calle Roberto Gayol. En una butaca, Andrade oía una versión de “Popotitos”. Fuera del script, Gloria, tecladista de 18 años, se adelantó bailando al frente del escenario. Él paró el ensayo: «Última vez que te me sales de lugar. Esta es una empresa». Por dentro, celebró. «La vi moverse, su talento y que quería destacar. Dije, “anotación mental: solista” ».

Aunque la banda fracasó, el productor empezó a carburar ¿Qué hago aquí?, debut discográfico de Trevi. Por esos días, Alejandra Guzmán ganaba un Disco de Oro con su primer LP, Bye mamá. «Guzmán funcionaba en el mercado y dije: (Gloria) puede estar en el extremo absoluto». El productor creó un personaje que exageraba el look sensual de la hija de Silvia Pinal, y en lo musical innovó con arreglos sin guitarra eléctrica, platillos ni toms: «Y se armó el asunto».

-¿Cómo ve a la nueva Trevi sin usted?

-Mira, he contestado con muy buena disposición, pero (ella) me ha negado. Las declaraciones de… ¿cómo dices que se llama? Quién sabe quién es, no existe en mi pasado. Quisiera ser recíproco con ella.

-Pero usted hoy se ha sincerado…

-Soy siempre sincero.

-¿Ya la escuchó en su nueva etapa?

-Tres veces, a lo sumo cuatro.

-¿Qué emoción le provocó?

-Ninguna ya.

-¿Cómo supo que se iba a casar?

-Por una revista en un puesto.

-¿Qué le pareció que se casara?

-Es normal que la gente que toma derroteros sentimentales nuevos se arrejunte o se case. Nada especial.

-¿Sintió algo de verla de blanco?

-Mmm, no.

-¿Qué le parece que la eterna rebelde se case de blanco?

-¿Quién me dice usted?

 

“Si me dices adolescentes, sí, me gustan”

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