Al sonoro rugir del cañón

Arreolando

Hay dos especies entre los albures y dobles sentidos (que cómo han visto a lo largo y ancho de esta… edición, no son la misma cosa). Una es la que se usa o crea intencionalmente, otra es en la que se cae involuntariamente. De las dos, la segunda es peor, pues nos deja indefensos por falta de malicia. Y claro, con las canciones falta lo mismo. Las hay arrabaleras, pero también tan solemnes que terminan rayando la vulgaridad. En ambos casos, ahí lo bello, quien revela o crea el misterio es el escucha (no hay interpretación sin pervesión).

En el equipo de los mejores buscadores de albures y dobles sentidos destacan las bocas de Chava Flores (la tienda de mi pueblo), Óscar Chávez (Atracomulco) y Jaime López (Chilangabanda), aunque posteriormente hayamos visto en Botellite de Jeréz, Molotov y el grupo Marrano, entre muchos más, a grandes -y menos sofisticados- autores. Ahora que por el lado de las trampas involuntarias, los ejemplos sobran (el que busca encuentra). Ya entregados al desmadre, es fácil ver moros con tranchetes en el repertorio más políticamente correcto. ¿El himno mexicano "al sonoro rugir del cañón"?, ¿El roper de abuelita de Cri-cri: "Prometo estarme quieto y no tocar lo que saques tú"?

Las joyas más raras son las que de manera inspirada se arrodillan sin sentirlo. Verbigracia: "La otra parte de ti" de Jorge Muñiz, "La puerta negra" de los Tigres del Norte, "Así así" de María Vicotria, "Abrazado de un poste" de Alacranes musical, "Aquí nomás" de Bronco y, claro, uno de nuestros máximos valutartes sonoros, ese que hasta los Beatles pusieron en sus labios: "Bésame mucho" de Consuelito Velázquez. O sea que no más hace falta girar el switch de la cabeza para hallarle oscuridades a las más inocentes canciones. Concéntrate y lo verás en tu ser más profundo: como mexicanos se nos ha dado tanto lo de torcer las cosas que constantemente creamos nuevas rutas para la lengua. ¿Me agarras la onda?

 

ALONSO- "Para quien no lo sepa, Alonso sabe tocar virtualmente el bajo", así lo dijo E. Charles White. Compruébalo en su sitio: labalonso.com