Leonora Carrington, escritora

A que no conocías este lado de la surrealista

Hoy celebramos el natalicio de Leonora Carrington, figura imprescindible del surrealismo que en México encontró refugio durante la Segunda Guerra Mundial. La talentosa Leonora fue amiguísima de Remedios Varo (como te lo contamos AQUÍ) y, como ella, fue una eterna enamorada de las tradiciones de nuestro país, las cuales inspiraron parte de su obra. El resto es historia y, de seguro, eso ya lo sabes…

Así que: ¿te crees muy salsa cuando sale a relucir el tema “Leonora Carrington”? No te hagas, te echas unos choros magníficos sobre su manejo del pincel y hasta presumes a sus amigos surrealistas como si fueran los tuyos. Bájale dos rayitas.

¿A que no sabes que Leonora Carrington también fue escritora? Obvio. Ella era una artista completa. Además de cultivar la pintura y la escultura, confeccionó el vestuario para obras de teatro y también hizo sus pinitos como dramaturga. Elaboraba hasta muñecas… Estos datos te sirven para seguir faroleando en la sobremesa con las amistades culturosas, pero en lugar de ver tanta TV mejor conoce de primera mano su faceta como literata.

Muchos de los cuadros de Leonora son protagonizados por caballos de todo tipo y para todos los gustos. Estos animalitos de la creación también salen en sus cuentos como símbolo de la pasión y, sobre todo, de esos deseos que pueden conducirnos a la desgracia. 

Échale un ojo a estos libros:

La dama oval es necesario para entender el universo de Leonora Carrington. Está basado en su infancia, de cuando era una niña que hacía sus propias reglas, así que tiene mucho punch (o Girl Power!).

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Aquí ya encontramos unos cuentos que profundizan sobre lo que nos hace humanos y animales al mismo tiempo, mujer/hombre y bestia, y que es una constante en su obra visual. Pero no confundan enchiladas con chilaquiles: leer su “statement” (podríamos denominarlo así) no es lo mismo que verlo colgado en la pared de algún museo.

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Este autorretrato escrito te agarra de bajada. No era gratuito que Max Ernst (sí, el mismo tipo germano-franchute que fue expuesto en el Museo Nacional de Arte hace ya seis años y que fuiste a ver para tener algo de qué platicar con tu ligue de ese entonces) dijera al referirse de ella que “se calienta [no sean malpensados] con su vida intensa, su misterio, su poesía.”        

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Leche del sueño es una recopilación de los cuentos que hizo para sus hijos. Te hará soltar la carcajada con las peripecias de Angelito, un niño engripado que hace pipi sobre las personas que pasan bajo su ventana. 

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¿Cómo la ves?