5 experimentos sociales que muestran qué tan racistas somos

A pesar de que en México, la desigualdad desenfrenada había sido considerada un problema relacionado con el estatus socioeconómico y no con tipos genéticos, está comprobado que somos un país racista. Las pruebas van más allá de las encuestas y los pronósticos, se reflejan en experimentos sobre racismo que denotan nuestros comportamientos discriminatorios a partir del color de piel. Las acciones, siempre, dicen más que las palabras.

Frente a la intolerancia siempre ha habido voces que se alzan a favor de la equidad. Hay decenas de campañas, documentales, textos, ilustraciones, protestas y experimentos sobre racismo que ponen el tema en la mira, en busca de abrir una conversación necesaria. Basta un paseo por YouTube para ver ejercicios hechos por instituciones o civiles que buscan crear conciencia sobre uno de los temas sociales más relevantes en México y en muchas partes del mundo. Aquí algunos de los más interesantes.

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La prueba de la muñeca Clark

En el marco de la campaña Racismo en México que lanzó Conapred hace casi siete años, se hizo un experimento sobre conceptos racistas de niños mexicanos. El video, que se hizo viral, muestra a 11 niños y niñas expresando sus preferencias frente a dos muñecos: uno moreno de ojos cafés y uno blanco de ojos azules. Todos prefirieron al blanco.

Las preguntas fueron simples y directas: «¿Cuál es el muñeco blanco y cuál es el moreno?», «¿cuál es más bonito?», «¿quién es el bueno y quién es el malo?», «¿por qué?». Todos se sintieron atraídos por el blanco, a quien consideraron más confiable e incluso más parecido a ellos. «Se ve más moreno y no se ve tan bien», «No me dan miedo los güeros, tengo más confianza», son algunas de sus respuestas.

Este ejercicio fue una réplica del experimento diseñado por Mammie y Kenneth Clark en los años 30 en Estados Unidos. El resultado fue el mismo: los blancos son percibidos como buenos, bonitos y confiables; los morenos, todo lo contrario —a pesar de tener el mismo tono de piel de algunos de los participantes—.

Además de las preocupantes respuestas de los niños, la campaña arrojó otra evidencia del racismo en el país: en las jugueterías no vendían muñecos morenos —se tuvo que pintar uno blanco—. Y es que hasta 2009 Barbie sacó su línea So in Style como un intento por representar mejor a las mujeres afroamericanas —sus escasas versiones anteriores eran «Barbies negras con rasgos blancos»— y hasta 2016 salió The Evolution of Barbie, con nuevos diseños «en todas las formas y colores»; sin embargo, los muñecos blancos de todas las marcas siguen dominando el mercado.

La güerita de la calle

No todos los experimentos sobre racismo son intencionales. Algunos, como el de “La Güerita”, se dan solos.

En 2012 se hizo viral la foto de Lesly Alondra, una niña que vendía dulces en un semáforo de Guadalajara. El que la hizo viral difundió su foto para que se investigara un posible secuestro, pues al ser rubia y de ojos verdes, le pareció poco probable que trabajara en un cruce por la misma razón que lo hacen los más de 20 mil de niños en situación de calle.

De no haber sido rubia, Alondra no hubiera despertado la preocupación de nadie por trabajar en la calle. Y es que, como lo prueba la Encuesta Nacional de Hogares del 2017, realizada por el Inegi, estamos acostumbrados a clasificar a los mexicanos de piel oscura como personas de bajos niveles educativos y socioeconómicos.

«Definimos si la persona que está en frente de nosotros puede ser nuestra amiga o nos va a hacer daño solo por la información previa que tenemos sobre cómo lucen las personas y cómo nos deben hacer sentir», dijo en entrevista la consultora en imagen Mireya Marroquín. «Muchas veces esa información previa es solo un prejuicio. Y dejamos que nos diga si la persona que tenemos en frente es inteligente, trabajadora, si está en un nivel intelectual superior o inferior al de nosotros; vaya… hasta el nivel socioeconómico en el que se encuentra».

Blue Eyes, Brown Eyes

Este es uno de los experimentos sobre racismo que más eco han hecho en el mundo a lo largo de los años. Fue un ejercicio que la educadora y activista estadounidense Jane Elliott realizó con su grupo de tercer grado en la primaria de Iowa donde daba clases, en 1968.

Comenzó un día después del asesinato de Martin Luther King Jr. como un intento de la profesora para explicar por qué el que fue el «héroe del mes» en su clase había sido asesinado. Como todos sus estudiantes eran blancos y no eran discriminados por su color de piel, quiso que vivieran cómo se siente ser víctimas del racismo.

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Dividió a la clase en dos grupos: los de ojos cafés y los de ojos azules. El primer día privilegió a los ojiazules: doble ración de almuerzo, cinco minutos extra en el recreo, más atención y piropos durante la clase, y además los animó a relacionarse solo con niños que tuvieran el mismo color de ojos que ellos. Se esforzó en marcar las diferencias. A la semana invirtió los papeles. Los niños privilegiados rápidamente se sintieron superiores —incluso mejoraron su desempeño escolar—. Al final, después de que todos se sintieron discriminados en su momento, coincidieron en que era mejor no hacer distinción por el color.

Jane Elliott ha dado conferencias sobre este ejercicio desde entonces, se rodaron documentales sobre él y se ha replicado en numerosas ocasiones. La más conocida fue durante un episodio de The Oprah Winfrey Show. Los adultos reaccionaron más o menos igual que los niños, aunque su actitud fue claramente más racista y fue más difícil para ellos entender que «no hay lógica en juzgar a las personas por la cantidad de melanina en sus piel o sus ojos», como dijo Elliott. «El color no debería influir en cómo tratamos a otras personas».  

#EsRacismo

Fue una campaña realizada por SOS Racismo en Barcelona, en 2017. Simuló una acción islamófoba en la que una española le niega el derecho a participar en un sorteo de spas a una francesa musulmana. El experimento se repitió 23 veces, intervinieron 42 personas y la mitad de ellas reaccionaron en defensa de la víctima. El 25 por ciento mostró un claro discurso racista y el resto se mostró indiferente —lo que prueba que el racismo no requiere de una actitud abiertamente discriminatoria.

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Los blancos sí merecen nuestra ayuda

Varios experimentos sobre racismo que circulan en internet han sido realizados por youtubers y blogueros y demuestran lo mismo que los ejercicios académicos. En marzo de 2017, el youtuber PrettyBoyFredo puso a dos niños a pedir ayuda en una calle de Orlando, con un cartel y una leyenda: «Por favor ayuda, tengo hambre». El niño afrodescendiente estuvo parado una hora sin recibir atención de ningún transeúnte; el niño de piel más clara recibió ayuda antes de su primer minuto».

Otro fue realizado por el youtuber australiano Brooke Roberts. En él, un chico afrodescendiente le pidió a una chica rubia un par de monedas para poderse subir al autobús; ella se negó. Cinco minutos después, Brooke —rubio— hizo lo mismo pero él sí obtuvo la ayuda. Algo parecido hizo Joey Salads en LA: un afrodescendiente y un estadounidense rubio piden prestado un celular a un desconocido. Solo el rubio lo consiguió.

Foto: Yun Lu en Flickr

La verdad de los experimentos sobre racismo

Estos experimentos sobre racismo muestran que esta forma de discriminación es una construcción social y cultural que no requiere de una actitud abiertamente discriminatoria o racista para estar presente. Podemos creer que no somos racistas, pero nuestras actitudes, a veces, dicen lo contrario. Si quieres saber qué tan racista eres, checa este quiz en nuestro especial sobre racismo