En Yo tuve un sueño, el libro más reciente de Juan Pablo Villalobos (Premio Herralde de Novela 2016), se narra el éxodo de diez niños inmigrantes centroamericanos. El proyecto surgió a partir de la invitación que un editor estadounidense le hiciera a Villalobos para escribir un reportaje sobre el tema; antes, él ya había hecho novelas protagonizadas por niños y adolescentes. Ahora, al margen de la ficción, se sirve de la técnica narrativa para contar con objetividad cada testimonio; un cúmulo de historias, recabadas en entrevistas cara a cara, que desembocó en una crónica necesaria en el presente.

ENTREVISTA A JUAN PABLO VILLALOBOS

¿Cómo fue el proceso de las entrevistas?

Lo que me interesaba era dejarlos hablar. Los niños habían vivido situaciones traumáticas, tanto en su país de origen como en el viaje, por lo que la historia contada era confusa, contradictoria, imprecisa. Antes de asumir el papel de un periodista o investigador que quisiera establecer con exactitud cómo había sido este viaje, me interesó, desde un punto de vista literario, darles voz a estos chicos en la manera en que vivieron su historia.

¿Decidiste guardar algún detalle doloroso?

Hubo momentos en los que vi que contar su historia les estaba haciendo daño. Recuerdo a una adolescente hondureña que fue violada en grupo por unos pandilleros de su país. Ella sufrió y lloró al contar el episodio, y yo decidí que no era necesario seguir preguntando e insistir con algo que sólo le causaría mucho dolor. Yo no hago las preguntas en las que un trabajo periodístico insistiría para reconstruir de manera más compleja la historia; en el libro esos detalles dejan de ser importantes en función de un sentido humano. Por supuesto, en las historias hay aspectos delicados de difundir, por lo que cambié datos específicos para que los protagonistas no pudieran ser identificados.

Tras ver el paso de la caravana migrante, ¿crees que la xenofobia en México es una especie de tabú?

En México muchas veces hay una xenofobia de consumo interno y su carácter se acerca al clasismo. Más que xenofobia, lo que hay en el país es aporofobia, odio al pobre, así como la superioridad que las clases altas y medias sienten hacia los que tienen menos. Ahora, en el caso de los hondureños, los guatemaltecos y los salvadoreños sí hubo un fenómeno de xenofobia. Esto pudo verse en los discursos de amenaza contra gente que supuestamente vendría a México con fines criminales o para robar nuestros empleos. Es un discurso ridículo si consideramos quienes somos en el contexto internacional y qué papel hemos jugado en la historia, así como nuestra pésima perspectiva para ponernos en el papel de víctimas de la inmigración ilegal.

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