En el mezzanine del hotel W en Polanco está Solea. Antes que la comida llama la atención el concepto arquitectónico premiado y heredado de un anterior menú que ahora está mexicanamente revolucionado.

Luego de un intenso e interesante peregrinar del chef por algunas de las mejores cocinas de México, Eduardo Osuna finalmente logró realizar su inquietud: presentar la comida mexicana en los términos de la cocina evolutiva, esta tendencia de hacer espumas, esferas y aires utilizando lo más sofisticado de la tecnología y la ciencia culinaria y conservar el sabor original de los ingredientes.

Así, unas manitas de cerdo en escabeche se presentan como un carpaccio compuesto de delgadas rebanadas de manitas embutidas con guarnición de verduritas y el escabeche es una espuma.

Este inquieto chef no para en la simple trasformación del plato, también experimenta con novedosas formas de cocción, como la del Mero empapelado, que en el plato parece un regalo envuelto en celofán. Para este preparado, importan de Italia un polímero similar al celofán que soporta altas temperaturas, dentro se cocina en su jugo, conservando los ricos aromas del condimento y las hierbas. La cocción es perfecta y jugosa. Uno de los mejores platos de la carta.

Es una lástima no poder repetir más seguido la experiencia, los precios no son precisamente accesibles. Sin embargo existe el Power Lunch, una variante con algunos platillos del menú y que sólo cuesta $280. La carta de vinos incluye una buena selección de vinos mexicanos.

Para el fin de semana el chef preparó un fantástico brunch que donde destaca el menú de cebiches que se instala en la terraza, la experiencia resulta muy placentera pues también hay martinis (el de manzana es legendario) y masajes del SPA.