Sin ellas las luchas no serían las mismas

Después de McKey, luchadores como el Murciélago Velázquez, el primer mexicano en usar máscara, comenzaron a enmascararse. El señor Antonio H. Martínez también trabajó para El Santo (quien primero fue el Murciélago II, después el Hombre de Rojo y, por último, El Santo) y para el Huracán Ramírez, una de las máscaras que más le gustan al heredero del negocio, quien está a la cabeza de él.

“Cuando vinieron a conocernos, nos pidieron que la hiciéramos con las formas del viento. Si te pones a pensar que en ese tiempo no había diseñadores gráficos ni programas de computación ni ninguna otra cosa de las que hoy en día se utilizan, y que lo único con lo que se contaba una persona para crear una máscara era la imaginación, te das cuenta del valor que tiene una máscara como la del Huracán. Fue un parteaguas en el diseño de máscaras a nivel mundial”. 

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Huracán Ramírez (Aldebarán Rodríguez)

Víctor Martínez nos contó tres de sus mayores orgullos:

1. La creación de la máscara del Solitario, uno de los luchadores más aguerridos y respetados de la historia.

2. La honradez y la masificación de la fabricación de máscaras.

3. Que una de sus máscaras le devolvió la seguridad a Panchito, un niño que había sido víctima de la explosión de San Juanico, en 1984.

Víctor nos platicó cómo, cuando tenía 15 años, vio salir del negocio de su padre al dueño de un Grand Marquis, molesto, porque su padre no había querido fabricarle una máscara del Santo a su hijo. Y es que, como su padre, solo hacía trabajos profesionales, se negó. Él aceptó, pero la quiso cobrar a $100 pesos, al doble de lo que Antonio las vendía. Total que quiso convencer a su papá diciéndole que sería más fácil hacer una máscara de niño “y, pensando en quedar bien con él, le comenté que le había cobrado el doble. Me fue como en feria, me dijo que era un abusivo, un ratero…”.

“Después de la regañiza, decidió tomarle las medidas al niño. Cobró $50 pesos. Era su negocio y sus precios”. Después de unos meses, el señor regresó para pedir 12 máscaras del Santo, pero aclaró que no las iba a pagar ni a $50 ni a $100 sino a $150 pesos. El señor, un prestigiado médico en EU, notó que luego de que su hijo usara la máscara todos los días, desde que la había comprado, su quijada, en la que tenía un problema óseo, le había mejorado muchísimo. Como el niño la usó  día y noche, ésta le había servido de soporte y lo había ayudado a rehabilitarlo.

Y sobre lo de Panchito…Tras la explosión de San Juanico, “un doctor me mandó a un niño que estaba muy renuente a salir a la calle, a que las personas lo vieran o hablaran con él. Medio peleándome con él, le tomé las medidas a su rostro para fabricarle una con una tela especial. Después de nueve meses, la madre del niño le llamó pidiéndole otra: Cuando volví a ver a Panchito, él niño era otro. A pesar de usar máscara todo el tiempo, se había vuelto seguro de sí mismo. La máscara le ayudó a volverle a dar la seguridad que había perdido”.