Lecciones de higiene callejera chilanga

Que salubridad los recoja

Los mitos chilangos dicen que el fuego purifica desde un trozo de suadero, hasta unas salchichas para hotdog: mientras esté bien cocido, le entramos a todo. Nuestra salud, herencia de siglos y siglos de buena comida nos permite resistir ataques de salmonela y otros bichos desconocidos para el resto del mundo.

Pero eso no es crédito exclusivo de nuestro organismo: también los puesteros de la calle ponen de su parte para cuidar nuestra salud ¿qué avances tecnológicos en cuestión de higiene han encontrado los vendedores de garnachas chilangas? En Chilango los analizamos.

1. Cero moscas

Años de estudios científicos han demostrado que la manera más efectiva de ahuyentar a las moscas es colgando una bolsa de plástico llena de agua en el puesto de tacos de guisado. Aunque no existe una explicación contundente para eso, se piensa que la mosca se ve reflejada en el bolsón y se espanta. No hay evidencia suficiente pero viendo la cantidad de garnacheros que las usan, podemos pensar que esta teoría es cierta.

2. Trapo pasteurizado

Vas al puesto y te sirven tu taco en un plato sobre un papelito de estraza (que además sirve para absorber la grasa). Luego, al entregarlo al taquero, lo limpia con un trapo que saca por debajo del mostrador. ¿Dónde estaba ese trapo? ¿Cuántos platos ha limpiado? ¿Cómo desaparecen los microbios al contacto? ¿El taquero tiene un secreto para desinfectar ese pedazo de tela? No lo sabemos, pero confiamos en que limpie más de lo que ensucia.

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3. Escudo protector

En algún momento alguien pensó que servir en un plato pelón es cosa de cavernícolas. Así que se le ocurrió la genial idea de cubrirlo con una bolsa de plástico y, encima de ella, ponerte tus tacos de barbacoa. La idea tuvo tanto éxito que ahora la mayoría de los puestos te sirven así: después basta con echar la bolsa sucia a un bote de basura y ¡listo! el plato queda como nuevo. Lo malo es que no cubren la comida del smog de los microbuses que pasan, de las heces que andan volando por los cielos de la ciudad, pero eso es lo de menos.

4. Allá te cobran

Todos sabemos que el dinero tiene más microbios que el mofle de un camión, así que muchos puestecitos tienen a una persona dedicada a cobrar. Esta persona tiene la encomienda de no tocar los alimentos y se dedica a recibir el dinero. Si esta persona se va, la persona que hace las quesadillas envuelve su mano en una bolsa de plástico y así te da el cambio, como cirujano de hospital. Es una cosa dificilísima, ya lo intentamos.

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5. Recipientes de calidad

En promedio, un puesto de quesadillas, tacos y tlacoyos vende al día 20 kilos de masa. ¿Dónde se puede transportar tal cantidad de maiz? En una cubeta, claro está. Recorrimos el tianguis local y encontramos que los recipientes utilizados para tal fin son, principalmente, cubetas de pintura que han sido cuidadosamente lavadas. Otras cubetas similares sirven para remojar el cilantro, para echar la basura, para guardar el chicharrón prensado y para llevar de un lado a otro las cazuelitas de guisado.

6. La honestidad ante todo

Nos hemos encontrado señoras que confían en la honestidad chilanga: antes de tocar el dinero, prefieren abrir la bolsa de su mandil y decir “aquí écheme el dinero joven”. Uno aprecia tal gesto de confianza y hasta le pones propina ¡son grandes!

Y tú, ¿qué medidas de higiene típicamente chilangas conoces?