Parasite, cinta que se llevó la Palma de Oro en Cannes

Reseña desde Cannes 2019

película parasite
Foto: CJ Entertainment

El maestro surcoreano Bong Joon-ho decidió regresar a su país para filmar la película Parasite (Gisaengchung), tras dirigir dos producciones internacionales con actores de renombre (Chris Evans, Jake Gyllenhaal, Tilda Swinton), elementos de ciencia ficción (en el caso de El expreso del miedo) y fantasía (Okja). Ambas elocuentes metáforas del estado del mundo.

La película Parasite tiene un reparto enteramente coreano, entre ellos su actor predilecto, Song Kang-ho, y temas de realidad social, remitiendo a esa parte de la filmografía de Joon-ho en la que también se encuentran obras mayores como Memorias de un asesino serial y Mother.

Parasite sigue esa tradición de Joon-ho de balancear a la perfección drama, comedia y otros elementos. Al centro de las acciones está una familia totalmente afectada por la complicada situación económica en Corea del Sur (que obviamente es similar a la de muchas otras partes del mundo). Sus problemas como consecuencia del desempleo se ejemplifican en las primeras escenas de la película, cuando los miembros del clan se dan cuentan y lamentan que los vecinos han cambiado la contraseña y ya no podrán disfrutar de WiFi gratis. Eventualmente, un conocido del hijo lo ayudará a encontrar un empleo bien remunerado, será maestro de inglés de una jovencita perteneciente a una familia cuya situación contrasta con la de los protagonistas: el dinero les sobra, viven en una increíble casa diseñada por un famoso arquitecto, y pueden darse lujos como un chófer y una sirvienta.

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¿Qué verás en la película Parasite?

La desigualdad social no es un tema nuevo en la filmografía de Joon-ho, basta recordar los infernales vagones llenos de pobres en la retaguardia de El expreso del miedo, pero en el caso de la película Parasite este tema se aborda de manera extremadamente peculiar. Por una buena parte de su metraje, este filme es el más divertido del cineasta hasta ahora.

Reminiscente de Un asunto de familia, del japonés Hirokazu Koreeda, la película Parasite nos presenta personajes multidimensionales: una familia de bajos recursos, carismática, por la que sentimos empatía, pero cuyas acciones terminan siendo moralmente (muy) negativas. Lo genial de la cinta es que una vez que esta familia emprende su egoísta plan maestro –pretende hacer que cada uno de sus miembros (la hermana, el papá y la mamá) sea contratado por la familia privilegiada, sin importar que eso implique provocar el despido del chófer o de la sirvienta–, las secuencias son tan graciosas, ingeniosas y hasta épicas que es inevitable disfrutar de algo que, en efecto, no es para nada correcto.

Joon-ho, como es de esperarse, no apuesta por una simple lucha de clases, más bien demuestra que toda acción tiene inesperadas consecuencias y que él continúa siendo un cineasta que domina los cambios de tono y que no deja de asombrar. En ese tenor, todo momento y protagonista de la película Parasite es complejo; ahí están los casi antihéroes de la clase baja, aprovechándose de y no pensando en los demás, también vulnerables víctimas de su realidad. Por otra parte, la familia adinerada (Lee Sun-kyun y Cho Yeo-jeong interpretan a los padres), ingenuos ante la picardía de los otros, también listos para mirar con desdén y diferenciarse de quienes huelen diferente a ellos. Hay muchos detalles en el filme de Joon-ho, entre ellos que el olor de la familia de bajos recursos es distintivo y está asociado al lugar marginado donde viven, por ejemplo.

La película Parasite en una hilarante, sorpresiva, brutal, agridulce y siempre original exploración de la desigualdad y, por su puesto, de lo que estamos dispuestos a hacer por los familiares: engañar, violentar, o esperarlos el tiempo que sea necesario.

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